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domingo, 23 de diciembre de 2012

Domingo Rey d'Harcour (1883-1939)

Coronel de Artillería encargado de la defensa en la ciudad de Teruel, firma la rendición ante las tropas republicanas el 7 de enero de 1938 por lo que es tachado de "traidor" y "cobarde" por algunos miembros de las filas franquistas

En la Nochevieja de 1937, en una supuesta carta dirigida a Varela, el coronel de Artillería Domingo Rey d'Harcourt, oficial al mando de la guarnición del Ejército nacional en la ciudad de Teruel, comunica: "No podemos resistir más. Si mañana no llegáis hasta nosotros, nos rendiremos al enemigo".

Con numerosas bajas, sin alimentos ni medicinas y escasos de municiones, Domingo Rey d'Harcourt y sus hombres aguantan ocho días más antes de entregar las armas. Sin embargo, y pese a su épico comportamiento, en un principio nadie en las filas franquistas otorga valor a la extenuante resistencia del oficial y le llegan a tildar de "traidor" y "cobarde". Prisionero por la división de Enrique Líster, formará parte del nutrido grupo de reos que acompañará a las tropas republicanas en su repliegue hacia los Pirineos, hasta que en 1939 es fusilado por el jefe de la columna comunista de Líster, Pedro Díaz, en la provincia de Gerona, no muy lejos de Figueras.

Pocas más hazañas se conocen de la vida de este oficial, que ingresó en la carrera militar a los 18 años. Se une al bando nacional al estallar la Guerra -se encontraba destinado en Zaragoza como teniente coronel- y defiende la ciudad de Teruel hasta casi desfallecer, en una de las batallas, calificada por muchos, más duras y decisivas del conflicto.

Teruel supone para los republicanos un episodio de fugaz entusiasmo, ya que, si bien a principios de enero de 1938 la bandera tricolor republicana luce entre las ruinas del centro de la ciudad, no tardará en ser arrancada por las tropas de Franco apenas 40 días después, cuando la plaza sea retomada por las fuerzas nacionales.

Pero, ¿fue Domingo Rey d'Harcourt un héroe o un villano por entregar la ciudad al enemigo?. El historiador Manuel Tuñón de Lara cuenta que, a mediados de diciembre de 1937, el Ejército republicano se había propuesto, como uno de sus objetivos principales de cara al invierno, la toma de Teruel. Para las fuerzas gubernamentales, la conquista de la plaza aragonesa suponía romper la línea nacional y al mismo tiempo paralizar un ataque sobre Madrid y Valencia por parte de las tropas franquistas. Dos de los oficiales rebeldes que guardan la ciudad son los coroneles Barba y Domingo Rey d'Harcourt. El 15 de diciembre de 1937 comienza el ataque republicano, y los defensores de Teruel reagrupan a más de 6.000 hombres en el casco antiguo, resguardándose en las instalaciones del Gobierno Civil, Banco de España, el seminario y un convento. Rey d'Harcourt tiene orden de aguantar a cualquier precio, ya que Franco ha ordenado a ocho divisiones, comandadas por los generales Varela y Aranda, acudir al frente de Teruel en apoyo de los sitiados: "Nuestro Ejército prepara sus fuerzas para el inmediato aplastamiento de los atacantes. El enemigo está muy castigado. Teruel será rápidamente liberado. Las fuerzas de esa guarnición se bastan ampliamente para prolongar la defensa, sin peligro para la plaza. Deben defenderse a toda costa las posiciones, economizando municiones y víveres", dice la orden enviada por el Caudillo.

Días después, los oficiales nacionales entran en acción, apoyados por 296 piezas de Artillería, y el 31 de diciembre, dos unidades alcanzan por separado las inmediaciones de la ciudad, a costa de grandes sacrificios y tras soportar temperaturas cercanas a los 20 grados bajo cero. Del 29 al 31 de diciembre, las tropas de ambos bandos se encuentran postergadas ante tales adversidades meteorológicas. De hecho, la noche del 31, Domingo Rey d'Harcourt comunica a sus mandos que la mejor opción pasa por entregar la ciudad. Mientras, Barba permanece refugiado en el seminario con un grupo de soldados.

El frío y las heladas paralizan las actividades durante varios días, por lo que Rey d'Harcourt logra resistir aún una semana más. Sin embargo, el estancamiento de las fuerzas de Aranda en los alrededores de la ciudad, entre Celadas y el Muletón, frena toda eficacia en los ataques de Varela hacia Teruel. La ciudad, completamente nevada, dificulta enormemente las acciones, por lo que la situación se hace ya insostenible para ambos bandos.

El 7 de enero, el 5º Cuerpo de Ejército republicano, comandado por Modesto, se sitúa frente a los edificios donde Rey d'Harcourt, acompañado por más de un millar de personas, permanece resguardado. Ante esa situación, no le queda más remedio que firmar la rendición. Barba cede horas después, poniendo fin a tres semanas de asedio y frío, en el que las bajas temperaturas siegan la vida del 75% de la tropa rebelde.

Por rendir la plaza, en vez de continuar la lucha hasta quedarse sin soldados o perder la vida en el intento, Rey d'Harcourt es tratado con suma dureza por sus compañeros. En el parte de guerra se dice que Teruel cae por la "flaqueza e impericia del jefe del Sector, que anoche pactó la entrega de su puesto con los rojos". Pero, ¿a quién se puede culpar de la caída -efímera- de Teruel? Por culpa de las bajas temperaturas, ni Aranda ni Varela consiguen llegar hasta las posiciones de Rey d'Harcourt, pese a los insistentes mensajes de ayuda lanzados por los sitiados. La mayoría de sus oficiales caen muertos o gravemente heridos. Así, Stanley G. Payne explica la rendición como una maniobra necesaria para proteger la vida de los 800 heridos y de las mujeres, ancianos y niños que se hallaban con él.

Sin embargo, Franco no tarda mucho en volver a caer sobre Teruel y a principios de febrero acumula en sus inmediaciones a 125.000 soldados y 400 cañones. El 20 de febrero, la ciudad ya se encuentra totalmente sitiada por las fuerzas nacionales. Debido a esa situación, los oficiales republicanos deciden evacuar la ciudad ante la posibilidad de quedar aislados, sin comida ni comunicaciones. Dos días después, los cerca de 2.000 hombres que defienden Teruel organizan una huida en la que caen más de 500 combatientes. Numerosos estudiosos recogen el parte de guerra firmado por el general Varela sobre la Batalla de Teruel: "El resultado final fue de tablas. El enemigo sólo retrocedió lo indispensable para ocupar buenas posiciones sólidamente sin perder contacto. Los contendientes se pararon tácticamente, dejando para mejor ocasión la lucha decisiva". Sin embargo, el Ejército republicano sufre un mayor desgaste, al cual Domingo Rey d'Harcourt contribuye de manera notable.

En el verano de 1938, durante la Batalla del Ebro, Rey d'Harcourt se halla preso en el castillo de Montjuíc (Barcelona), mientras espera a que los tribunales republicanos decidan sobre su destino. Finalmente, no fue otro que la muerte durante un repliegue de las tropas republicanas al Pirineo francés (1939).

Sólo al final de la Guerra y gracias a la insistencia de su viuda -según explica el escritor y periodista Jorge M. Reverte-, su memoria sería rehabilitada, momento en el que algunos historiadores, como Ramón Salas Larrazábal, justificaron su decisión de rendirse.

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