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lunes, 31 de marzo de 2014

El Pueblo, en píe

El Pueblo,  en píe

¡Diez veces traidores a España y a la República!

En el momento en que la máquina imprime este número, España se halla en pie de guerra contra los que nuevamente han atentado contra su ley. Ahora la deslealtad y la traición revisten caracteres inauditos. Nos basta la nota facilitada por el ministerio de la Gobernación para colegir hasta qué extremo se ha cometido un delito de lesa patria. La sección del ejército que guarnecía el Protectorado de Marruecos ha sido impulsada por sus oficiales contra la tierra materna y contra la situación de derecho que la preside. No se ha vacilado ante la consideración de que esta actitud les abra a los indígenas campo para seguir el ejemplo; tampoco ante la idea de que los pueblos de Europa que nos han confiado la guarda y civilización del litoral africano diputen a los mandatarios indignos de esta confianza. Un sentimiento innoble, de odio a la democracia, de desprecio a las jerarquías populares, ha podido más que aquellos graves motivos, y ésta es la hora en que España, indignada, se dispone a castigar a los malsines.

Desde hace tiempo, desde el día siguiente a la victoria electoral de febrero, comenzó la conspiración fascista. En cuanto la censura ha atenuado un poco su rigor, hemos sabido servir al pueblo, sugiriéndole lo que se tramaba. No era nuestro optimismo tan cumplido que fiara en el deber de quienes sufrían la acción morbosa del fascismo. Por fortuna, existen aún en los elementos armados reservas dé valor moral más que suficientes para aplastar la subversión. Apoyándose en ellos el pueblo, que se está movilizando de punta a punta de la Península, y auxiliándolos con sus brazos y con el calor formidable de su derecho, la República saldrá adelante, vencedora, dolorida e inexorable en su justicia.

No se alteran los designios pacíficos de un pueblo de treinta millones de habitantes, con una noble tradición liberal y civilizadora, a gusto de las minorías reaccionarias. No se compra con dinero la Historia. No intimidan las armas cortas del fascio el clamor maravilloso de un pueblo enamorado de la libertad. Del cogollo mismo de la raza, del espíritu insobornable de España, mana la fuerza, triunfadora siempre, del derecho. Esto es la República. Derecho. Huyan los cobardes, como Gil Robles, después de dejar la mecha encendida. Alcense los que han preferido consagrar su uniforme a la traición. España está viva. El pueblo está colérico. Y la República seguirá su historia, pese a quien pese y pase lo que pase.

******************************

Ha bastado que el Gobierno solicite el concurso del pueblo o, más exactamente, que el Gobierno se convenza de que es al pueblo a quien corresponde, en tiempos de deslealtades, la suprema y eficaz vigilancia, para que la sedición, acorralada, ceda. Al declarar esto no quitamos una brizna de honor a las fuerzas armadas que han cumplido su deber. Lo único que nos interesa decir es que, en último recurso, un Gobierno a quien se le rebelan las fuerzas a sus órdenes, debe acudir a la fuente de donde mana su autoridad. Conforme avanzan las horas, nos llena el ánimo de profunda y limpia satisfacción la certidumbre de que el pueblo ha respondido. Eran de ver los jóvenes milicianos que anoche se alistaban fervorosamente y acudían a los sitios de vigilancia, fusil al hombro. Eran de ver los obreros curtidos cubriendo guardias con las fuerzas leales o, mejor, a la vista de las fuerzas leales, por si éstas los necesitaban. Eran de ver los hormigueros de la Casa del Pueblo, de los Círculos Socialistas, de los Sindicatos.

«¡ No pasarán!», gritaban, sonrientes, los camaradas. ¡ No pasarán! Era la frase que la noche llevaba de un sector a otro de Madrid. ¡No pasarán ! ¡ No pasarán ! ¡ No pasarán ! Y todos pidiendo fusiles para luchar contra el fascismo. ¿Cómo iban a pasar, con el pueblo de parte de la ley?

Ahora... a hacer sentir el peso del pueblo a los traidores y a los fascistas. España no es Alemania ni Italia. España es ¡España!

El Socialista, 19/07/1936

Academia de Bella Artes de San Fernando

V. Instituto de España (zona nacionalista)

Acacio Sandoval, Pedro

Nació en Villarrobledo en 1870, pertenecía a una de las familias acomodadas de esa localidad. Casado con Mery de la Peña Acacio, propietario del Diario de Albacete, diputado agrario en 1931 y luego diputado de la CEDA.

Durante su primer periodo de actividad política fue monárquico conservador, presidiendo la Diputación de Albacete entre el 4 de mayo de 1915 y el 1 de mayo de 1917.

En 1931, el 29 de enero, tomó posesión como concejal de Villarrobledo, localidad de la que llegó a ser alcalde. Con la llegada de la II República se presentó por vez primera a diputado en Cortes como agrario independiente, no resultando elegido. Sin embargo, en 1933 consiguió un escaño tras presentar su candidatura por Unión Agraria Provincial. En las elecciones de 1936 es reelegido como candidato de CEDA junto a Antonio Bernabeu Yeste, de Acción Popular, y Mateo Sánchez Rovira, del Partido Agrario, dentro de la candidatura del Centro Derecha.

Murió, victima de la Guerra Civil, fusilado en el cementerio de Villarrobledo la noche del 27 al 28 de julio de 1936. V. Cortes republicanas

domingo, 30 de marzo de 2014

Abreu Madariaga, Vicente

Pintor y dibujante alavés nacido en Vitoria en el mes de febrero de 1879. Fallece en la misma ciudad el 19 de junio de 1974.

Militar de profesión como otros eximios pintores vitorianos, casos de Teodoro Dublang y Aurelio Vera-Fajardo, al cronista Venancio del Val debemos la referencia de que este hombre alcanzó la máxima graduación en el Arma de Artillería. Desempeñó altos cargos militares y políticos en la Provincia. Además de Jefe del Regimiento Nº 25 de Vitoria, fue gobernador militar y presidente de la Diputación de Álava, puesto del que dimitió, sorpresivamente, tras casi un año de mandato, en septiembre de 1944.

De formación autodidacta, destacó como excelente dibujante. Vinculado a la tradicional escuela académica, supo adentrarse en un tipo de producción pictórica en la que sobresalió con verdadera maestría: los temas militares. En esta especialidad desplegó hábiles dotes narrativas, principalmente a la hora de plasmar diferentes maniobras y operaciones con la caballería como protagonista. Estos lienzos, los más singulares, resaltan por su movimiento y dinamismo, así como por las gratas entonaciones cromáticas. De técnica jugosa, las escenas militares están llenas de sabor y gracia, acaso con una cierta aureola literaria tardorromántica.

Vicente Abreu extiende también la seguridad y firmeza de su dibujo a la recreación de estampas que, con claro valor ilustrativo, recogen episodios más o menos idealizados, más o menos veristas, de la historia local. Fue también pintor de bodegones, con especial querencia por las flores, y de paisajes, tanto urbanos, de rincones gasteiztarras, como rurales, de la provincia. En la localidad de Maestu, en la Montaña Alavesa, se conserva parte de su legado documental. V. Vitoria, alzamiento en.

Fuente: http://www.euskomedia.org/aunamendi/925

Abraham Lincoln, Batallón

V. Batallon "Abraham Lincoln"

sábado, 29 de marzo de 2014

Aboal Aboal, Juan (1893-?)

Comandante del Arma de Infantería y aviador militar que al estallar la guerra civil se hallaba destinado en la Embajada de España en París, donde, tras la dimisión del embajador, Juan Francisco Cárdenas Rodríguez de Rivas, hizo por encargo del Gobierno republicano español una serie de gestiones encaminadas a la adquisición de armas y aviones de fabricación francesa con destino a ejército gubernamental.

Abisinio

Natural de Abisinia. En España, nombre que daban los simpatizantes del fascismo a todos los enemigos de Italia en el conflicto italo-etíope de 1935. Por extensión, y durante la guerra civil española, forma despectiva empleada por los combatientes nacionalistas para aludir a los soldados republicanos.

viernes, 28 de marzo de 2014

abatallonarse

Vocablo de origen legionario, de uso frecuente durante la guerra civil entre los combatientes del bando nacionalista. Equivale a "perder combatividad" o "perder las ganas de luchar". Para Rafael García Serrano (Diccionario para un macuto, Ed. Planeta, Barcelona, 1979), es sinónimo de "agrisarse, hundirse en la vulgaridad, renunciar a la gloria". 

Abaressos

Buque petrolero de la URSS que durante la guerra civil española hizo diversos viajes a la España republicana, especialmente a los puertos de Valencia, Alicante y Cartagena, transportando combustible con destino a la aviación gubernamental. V. Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (ayuda a la España republicana).

jueves, 27 de marzo de 2014

Marruecos ha estallado, frustrándose, un movimiento sedicioso contra la República

GOBIERNO DOMINA LA SITUACIÓN Y NO HA DE TARDAR EN RESTABLECER LA NORMALIDAD

En toda la Península se ha condenado con unánime indignación la tentativa reprobable

Esta mañana se ha recibido en Alicante la noticia de que parte de las tropas que España sostiene en África han intentado un movimiento contra el Régimen que el pueblo se ha dado así mismo.

Desde el primer momento, se ha notado que el pueblo, de una manera seria, consciente responsable se ha colocado fervorosamente al lado del legítimo Gobierno de España dispuesto a defender la República contra todo evento. La calle ha vibrado intensa y serenamente, nadie en Alicante ha sentido pavor ni decaimiento de ánimo.

Las fuerzas de España son infinitas. Es mucho el arrastre de nuestra historia, es mucha la raigambre moral del pueblo español para dejarse atemorizar por el gesto loco y criminal de algunas fuerzas coloniales. España, su ejército, sus trabajadores, sus mandos, están con el Gobierno de la República. No está el pueblo español dispuesto a dejarse atemorizar por movimientos perturbadores. La Patria; el alma española, el espíritu, el ímpetu de la sangré española, abomina de lucha civiles criminales y estériles.

El pueblo vigilante, seren y consciente, ha tendido su mano leal al Gobierno de la República.

Henos de hacer constar que las Autoridades todas, el Ejército, la Guardia Civil, las fuerzas de Carabineros. Cuerpo de Seguridad y Asalto, los organismos oficiales todos, con ejemplar lealtad y exaltado patriotismo, prestan fervorosamente su concurso al Gobierno.

NOTA DEL GOBIERNO

Esta tarde se entregó a los periodistas en este centro oficial la siguiente nota:

Desde el Ministerio de la Gobernación se nos da para su redacción la siguiente nota:

«Se ha frustrado un nuevo intento criminal contra la República. El Gobierno no ha querido dirigirse al país hasta conocer el exacto conocimiento de lo sucedido y poner en ejecución las medidas urgentes a inflexibles para abortarlo.

Una parte del Ejército que representa a España en Marruecos, se ha levantado en armas contra la República, sublevándose contra la propia patria y realizando el acto vergonzoso y criminal de ponerse contra el Poder legítimamente constituido.

El Gobierno declara que el movimiento está exclusivamente circunscrito a determinadas ciudades de la zona del Protectorado y que nadie, se ha sumado de la Península a tan absurdo empeño. Por el contrario, los españoles han reaccionado de modo unánime y con la más profunda indignación contra la tentativa reprobable y frustrada en su nacimiento.

El Gobierno se complace en manifestar que muchos núcleos de elementos leales resisten frente a la sedición en la parte del Protectorado, defendiendo con el honor del uniforme el prestigio del Ejército y la autoridad de la República.

En estos momentos las fuerzas de tierra, mar y aire de la República; que salvo la excepción señalada, permanece unánimemente fiel al cumplimiento del deber contra los sediciosos para reducir con inflexible energía un movimiento criminal y subversivo.

El Gobierno de la República domina la situación y afirma que no ha de tardar en anunciar a la opinión pública, que se ha restablecido la normalidad.

ALOCUCIÓN DEL FRENTE POPULAR DE LA PROVINCIA DE ALICANTE

Por Radio se ha dado, reiteradamente. la siguiente nota:

¡Ciudadanos, trabajadores, españoles!:

El Frente Popular de la provincia de Alicante, los organismos responsables y las organizaciones afectas al régimen y los diputados a Cortes de la provincia, se dirigen a Vosotros, recomendando serenidad y dominio absoluto sobre vosotros mismos, para que impidáis toda manifestación que de cualquier clase que fuere, seria crear entorpecimientos a la labor rápida y enérgica del Gobierno de la República.

España entera y las instituciones armadas, a excepción del caso bochornoso y criminal de Marruecos, permanecen fieles al Gobierno de la República. En cuanto a la provincia, el Ejército y las fuerzas armadas todas, no solamente permanecen fieles al Gobierno, sino que tenemos la seguridad de que en todo momento estarán al lado de la República, cooperando con las autoridades para cuanto sea necesario en bien de la misma.

Nada de manifestaciones. Tranquilidad. serenidad, fe en la República y en el Gobierno.

¡Ciudadanos, trabajadores, españoles, no hagáis caso de los rumores alarmistas que han circulado, son rumores criminales vertidos por los enemigos del régimen!

¡Viva la República, viva el Gobierno!

Por el Comité Provincial del Frente Popular. Partido Comunista, Rafael Millá; Partido Socialista, Vicente Martínez, Antonio Cañizares y Francisco Carbonell; por Unión Republicana, Antonio Ramos; por Trabajadores de la Tierra, José Cañizares; por Izquierda Republicana, José López Pérez; por U.G.T. Santiago Martí y José Castaños; y por Diputados Frente Popular, Miguel Villalba y Eliseo Gómez Serrano.

El Luchador : diario republicano Año 24º Número 8592 - 1936 Julio 18

Aberri-Eguna

Buque bonitero construido en Bermeo (Vizcaya) en 1933, de 27 t de desplazamiento y 15,3 m de eslora, capturado a los republicanos en junio de 1937 por el crucero auxiliar nacionalista Ciudad de Palma y convertido en rastreador de la flota antigubernamental -formó parte del Grupo de Rastreadores del Norte- tras adecuarlo convenientemente para el desempeño de esta misión. V. Marina de guerra nacionalista.

miércoles, 26 de marzo de 2014

Abella Bermejo, Rafael (1917-2008)

Químico y escritor barcelonés, autor de numerosos trabajos periodísticos y de algunos libros relacionados con la guerra civil de 1936-1939: Julio de 1936 (Ed. Bruguera Barcelona, 1975); La vida cotidiana durante la guerra civil. *La España nacional (Ed Planeta, Barcelona 1976); La vida cotidiana durante la guerra civil. **La España republicana (Ed Planeta, Barcelona, 1978); Por el Imperio hacia Dios (Ed. Planeta, Barcelona, 1978), etc.

martes, 25 de marzo de 2014

ABC (diario de Sevilla)

Periódico diario, fundado en 1928 por Juan Ignacio Luca de Tena que, como su homónimo de Madrid, estaba considerado como portavoz oficioso de los monárquicos alfonsinos. Durante la guerra civil defendió la causa nacionalista, siendo uno de los medios de comunicación que más influencia ejerció en la zona dominada por los rebeldes. V PRENSA NACIONALISTA.

ABC (diario de Madrid)

Periódico diario,de tendencia monárquico-dinástica, fundado en Madrid en 1905 por Torcuato Luca de Tena y Álvarez-Ossorio, dirigido por su fundador hasta su fallecimiento y, a partir de entonces, por su hijo Juan Ignacio Luca de Tena. Incendiado -al parecer por elementos anarquistas- y suspendído en varias ocasiones durante la República, fue leal en todo momento a las directrices doctrinales marcadas por sus citados directores constituyendo un ejemplo difícilmente imitable de independencia y de ponderación informativa. Al estallar la guerra civil fue incautado por orden gubernativa, reapareciendo el 25 de julio de 1936 como diario republicano de izquierdas. No interrumpió su publicación -dentro de esta nueva línea-hasta la entrada en Madrid de las tropas nacionalistas, momento en que volvió a poder de sus propietarios. V. PRENSA REPUBLICANA.

lunes, 24 de marzo de 2014

En el amanecer, la camisa azul os vigila

Reflexionad, cuantos vestís camisa azul. No es un detalle cualquiera del vestido. La camisa azul es como bandera del espíritu español, que flamea por ondas de carne. Piel tostada y recia de los hombres; rosada y fina en las mujeres; clara y temprana en los flechas.

Esa bandera, esa camisa azul, es también advertencia, guia y vigilante.
Obrad como si el azul os dirigiera penetrantes miradas. Es azul porque el azul es color fuerte y es grito entre los colores. Escuchad un instante a lo que os obliga la camisa azul.

Principalmente y ante todo, la camisa azul es un imperativo ineludible de disciplina. Quien la viste ha de reconocer que ha concluido de obrar por cuenta propia; es ya miembro de un cuerpo poderoso: La Falange y no ha de moverse sino en virtud de la orden que reciba. No admitas dudas ni titubeos entre la orden que se te dá y tu parecer. Tu opinión no importa. Mejor será que no te tomes la molestia de andar indagando por cuenta propia. A la orden del jefe, procede un estudio, una competencia, una mayor autoridad. Nuestro reglamento lo dice: lo aconseja: lo manda:

«El militante nunca deberá actuar por iniciativa propia;.las órdenes emanadas de los jefes llegados al mando por méritos contrastados son siempre buenos; y desde luego, mejor que las ocurrencias personales».

Quien viste la camisa azul debe producirse en las conversaciones con corrección, sin groserías. El azul es valor pero es también elegancia. La plebeyez debe considerarse abolida, con la caída del rojo. En un camisa azul el vocablo soez, la blasfemia, el escándalo, en fin, de palabra es una mancha que la ensucia.

No se rodee de espectacular importancia el vestir camisa azul. Los actos meritorios tendrán nás relieve y honrarán más a Falange, si se realizan de una manera natural, como diciendo: Todo esto en Falange, no es un hacer extraordinario.

Esto manda la Falange:
«El valor de una cualidad tan imprescindible y propia de todo militante, como la honradez y la lealtad. Sólo alardean de valientes aquellos que no lo son. Ningún militante, por lo tanto, exibirá muestras de valor».

La camisa azul, no poblará el burdel ni pisará las tabernas. A cuantos sufran tentaciones viciosas, sírvales el azul de impedimento. La camisa azul, no debe ser nunca testigo de sus caídas. Esta calla pero habla y avergüenza a la carne, con el grito fuerte de su azul.

Procura vencerte: insiste en el propósito de no rebajarla; intenta de nuevo hacerte digno de ella. Pero si vences la tentación, camarada, abandónala al menos y entra en el burdel o pisa la taberna con la camisa blanca o de otro color, sin yugo y sin flechas. Esto es una de las más rigurosas existencias de Falange. No lo pide sólo nuestro reglamento: lo imponen desde la celeste guardia, nuestros camaradas muertos. El color de la camisa que ellos llevan al morir, es igual, azul.

Solamente debes vestir esta camisa azul, cuando te eleves. Si no puedes evitar la caída, despójate al menos de ella, eleva más alta la cabeza, para que no la salpique el fango

Fortaleza y alegría; esto predica el azul, ceñido al pecho. Nuestro Reglamento lo define así:

«Se abstendrá de toda conversación que demuestre la tibieza o desagrado en el servicio, duda de los Jefes o sentimiento de la fatiga que exige lo que voluntariamente aceptó».

Entenderá que rodea la camisa azul su pecho, para pública y probada promesa y deber de ofrecer a España, sin reservas, condiciones ni ambición. En ningún instante la utilizarás como medio para satisfacer tus deseos. Al vestirla sí algo deja de existir es él; si algo cobra mayor vida, España.

Recordarle siempre, puesto que decidisteis vestirla; la camisa azul os vigila. No es testigo mudo; os reprochará vuestras caídas con el pregón de su azul magnifico. Sois con ella el blanco de todas las miradas. Una camisa azul no pasa nunca desapercibida. Por exigírselo todo, no se perdona nada a un camisa azul.

Cuando desfallezca vuestro valor, antes que profanarla, despojaos de ella. Solamente la debéis vestir valientes, rectos y justos. En instantes de desfallecimiento, de sinuosidades, de sin tazón, haceos hombres cualquiera. Pero cuando la vistáis no olvidéis -por Falange, por Dios por la Patria-. que formáis entre los elegidos.....

(Servicio de Prensa y Propaganda)

Imperio : Diario de Zamora de Falange Española de las J.O.N.S. Año I Número 21 - 1936 Noviembre 21

Buenaventura Durruti, otro Empecinado

Durruti, el camarada jefe de la columna que lleva su nombre, ha muerto frente a su eterno enemigo, el fascismo, como mueren los hombres que luchan por un ideal, con las armas en la mano y dando el pecho al enemigo. Como, seguramente no morirá el traidor Queipo de Llano, emboscado tras un micrófono, porque este ex-general, no quiere saber que los generales, los caudillos, son para luchar, para dirigir, para morir, si es preciso, en la lucha.

Durruti, es, sin hipérbole alguna Empecinado. El formó sus centurias para luchar contra los fascistas, en los frentes de Aragón, impidiendo con su actuación que los facciosos cayesen contra Cataluña. En Durruti, que no era profesional de la guerra, había, sin embargo, un técnico militar, porque le guiaba, en primer lugar su inteligencia, y porque sentía en su sangre un ideal grande, que lo llenaba todo en él Anarquista por ideal, ahora, frente a la brutal traición de los generales fascistas, luchaba con ardor y bravura, junto a todos los elementos afines a esta defensa sacrosanta de la Libertad de España y de Europa.

Durruti que mandaba su columna en los frentes de Aragón, organizada por él, como otro Empainado, con las mismas admirables dotes de guerrillero, hizo mucho por la reconquista de Aragón, y cuando conseguidas allá muchas victorias, vio en peligro a Madrid, se trasladó con sus centurias a los frentes de más peligro madrileños, que así de clara y exaltada era su actuación, porque quería evitar, luchar, vencer personalmente a los traidores en su ataque a la capital de la República.

Herido mortalmente, se negó a ser retirado de la línea de fuego, y solo a presiones grandes de quienes se dieron cuenta de da gravedad de su herida, de quienes ansiaban salvar su vida, fue evacuado... Y ha muerto, entregando su sangre y su vida, en el mismo campo de batalla, en aras do un ideal.

Durruti ha sido siempre el luchador por su idea, y en Barcelona, siempre, y más acentuadamente desde que en Julio comenzó la rebelión fascista, al frente de sus hombres, tan entusiastas como él, lo ha dado todo, inteligencia, entusiasmos y hasta la propia vida.

El cadáver ha sido trasladado a Barcelona, donde mañana se verificará su entierro, enorme demostración de lo que Durruti suponía y era para la gran urbe catalana.

Ha muerto el moderno Empecinado en esta guerra civil, el guerrillero que supo triunfar siempre porque puso en sus hombres el mismo ferviente ideal que vivía en él.

Durruti era insuperable jefe de milicias, por su talento, por su valor, y por su exaltado idealismo.

Así se producen los hombres antifascistas, en los frentes de combate, dando el pecho a las balas, no escudándose tras el micrófono y usando de chascarrillos chabacanos como razones a su traición.

Durruti ha muerto luchando, ¡qué mejor gloria para él!...

A la C.N.T. y F.A.I. a la invicta Columna Durruti, acompañamos do corazón en su intenso dolor.

El Luchador : diario republicano Año 24º Número 8698 - 1936 Noviembre 21

abastos (zona nacionalista)

sábado, 22 de marzo de 2014

Abastecimientos y Transportes, Servicio Nacional de (zona nacionalista)

Organismo dependiente de la Vicepresidencia del Gobierno creado por decreto de 16 de lebrero de 1938, cuyos cometidos fundamentales eran: el estudio de todo lo referente a la función que al Estado correspondía respecto a subsistencias y al transporte de éstas; la preparación y propuesta de las medidas del Gobierno destinadas al cumplimiento de tal función; el desarrollo y la ejecución de las disposiciones dictadas a este fin. Con arreglo a dicho decreto, se consideraban subsistencias los artículos alimenticios de primera necesidad y, especialmente, los cereales y sus harinas, las legumbres y las sojas, los tubérculos, las frutas y hortalizas, el pan, las carnes frescas y saladas, los pescados y sus salazones, los huevos, la leche y sus derivados, los aceites y mantecas, el azúcar, el vino, la sal y las conservas alimenticias de todo género. Se incluían también en estos conceptos los artículos de consumo y uso indispensable, entendiéndose por tales los combustibles para uso doméstico, los medicamentos de empleo corriente, el vestido y el calzado en sus clases de uso general, las velas y bujías esteáricas, los jabones y las lejías. Entre las funciones de dicho organismo figuraban las de proponer la fijación de precios y las medidas para una normal distribución de subsistencias y artículos de primera necesidad y para su transporte, así como proveer de modo especialísimo al abastecimiento de las poblaciones que fuese ocupando el ejército nacionalista. V. Abastecimientos y Transportes, Comisaría General de (zona nacionalista). 

viernes, 21 de marzo de 2014

Abastecimientos y Transportes, Comisaría General de (zona nacionalista)

Organismo dependiente del Ministerio de Industria y Comercio creado por ley de 19 de marzo de 1939 que, en líneas generales, asumió las funciones que hasta entonces había desempeñado el Servicio Nacional de Abastecimientos y Transportes. V. Abastecimientos y Transportes, Servicio Nacional de (zona nacionalista). 

Abárzuza y Oliva, Felipe José (1896-1970)

Marino de guerra. Al producirse el alzamiento militar de julio de 1936, se unió al bando de los sublevados y tomó parte en una serie de operaciones navales en las que destacó por su valor y pericia profesional. A lo largo de la contienda desempeñó diversos cargos, entre ellos el de comandante del crucero Canarias -el buque más importante de la flota nacionalista- y el de jefe del Estado Mayor de la Armada. Finalizada la guerra alcanzó el almirantazgo y ocupó el Ministerio de Marina entre febrero de 1957 y julio de 1963. V. Marina de guerra nacionalista. 

jueves, 20 de marzo de 2014

«Abaressos»

Buque petrolero de la URSS que durante la guerra civil española hizo diversos viajes a la España republicana, especialmente a los puertos de Valencia, Alicante y Cartagena, transportando combustible con destino a la aviación gubernamental. V. Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (ayuda a la España republicana).

Noticias relacionadas:

Buques rusos que se dirigen a España 28 Octubre 1936 - El Luchador : diario republicano Año 24º Número 8678  

abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos.

V. Valle de los Caídos.

abadía de Montserrat (biblioteca).

V. biblioteca de la abadía de montserrat.

miércoles, 19 de marzo de 2014

Abad de Santillán, Diego (1897-1983) (Sinesio García Delgado)

Seudónimo de Sinesio García Delgado. Destacado dirigente anarcosindicalista, nacido en un pueblo de León, de donde, en su niñez, emigró con su familia a la República Argentina. En 1913 regresó solo a España para estudiar el bachillerato, que cursó en dos años y medio, matriculándose después en la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid. Cuatro años después, y con el fin de eludir el servicio militar, volvió a emigrar a Argentina, donde ingresó como redactor en el periódico anarquista La Protesta

En 1922 se trasladó a Berlín como corresponsal de dicha publicación, contrayendo matrimonio con la hija de Fritz Kater, uno de los líderes más cualificados del movimiento ácrata alemán. Poco tiempo después retornó a Argentina, viéndose obligado a buscar refugio en Uruguay por haberse opuesto al golpe de estado del general José Félix Uriburu. En 1931 volvió de nuevo a España, y tomó parte en el congreso extraordinario de la CNT que se celebró en Madrid. Tres años más tarde se instaló en Barcelona, donde trabajó como redactor del diario Solidaridad Obrera, dirigió el semanario Tierra y Libertad, fundó la revista Tiempos Nuevos y trabó estrecha amistad con los hombres más representativos del anarquismo: Buenaventura Durruti, Francisco Ascaso y Juan García Oliver. 

En la noche del 18 al 19 de julio de 1936 se hallaba en Barcelona, y se presentó, junto con otros dirigentes de la misma ideología, a Lluís Companys, presidente de la Generalidad de Cataluña, demandando la inmediata entrega de armas para los voluntarios anarquistas. Pocos días después, y en representación de la FAI, formó parte del Comité de Milicias Antifascistas de Cataluña, verdadero y único gobierno de Barcelona durante los primeros días de la guerra civil. Designado consejero de Economía de la citada Generalidad, patrocinó y financió el Batallón de la "Muerte" y convenció al citado Durruti para que no asaltase el Banco de España, de Barcelona, operación que este último tenía proyectada. Durante los sucesos acaecidos en dicha ciudad en mayo de 1937 volcó todo su prestigio y prestó una eficaz colaboración al restablecimiento de la normalidad, lo cual le obligó a renunciar a algunos de sus ideales y deseos. Poco a poco fue distanciándose de la política, limitando su quehacer a la dirección de la revista Timón, desde la cual criticó duramente la actuación del Gobierno. Al finalizar la campaña de Cataluña (enero de 1939) se exilió a Francia y, posteriormente, a Buenos Aires. 

Regresó a España en 1976. Autor, entre otras obras, de Psicología del pueblo español, La revolución y la guerra de España (publicada en Barcelona en plena guerra civil), Por qué perdimos la guerra (llevada al cine en colaboración con Luis Galindo), Contribución a la historia del movimiento obrero español, De Alfonso XII a Franco y Memorias 1897-1936 (Ed. Planeta, Barcelona, 1977). Fue, además, el compilador de la Gran Enciclopedia Argentina (obra compuesta en ocho tomos).

Murió a los 86 años de edad en Barcelona a consecuencia de una afección cardio-respiratoria.V. Milicias Antifascistas de Cataluña.

Abad García, Ángel (1884-1936)

Nació en Calahorra (La Rioja) el 5 de mayo de 1884. Fue un trabajador del campo socialista y afiliado a la UGT. Estuvo casado y fue padre de cuatro hijos. Fue detenido el día 2 de septiembre de 1936 por un falangista, un requeté y un guardia civil del pueblo, y asesinado en Royuela de Peralta el día 10 del mismo mes, tras haber permanecido ocho días encerrado en la cárcel de San Francisco. Sus restos fueron recuperados en las exhumaciones que se llevaron a cabo en La Rioja en 1979.


*  Hernández García, Antonio, La represión en La Rioja durante la guerra civil, Volumen 2, 1984
* Aguirre González, Jesús Vicente, Aquí nunca pasó nada. La Rioja 1936, 2008

martes, 18 de marzo de 2014

Abad Conde, Gerardo (1881-1936)

Abogado y catedrático gallego, afiliado a la masonería y al Partido Republicano Radical, que durante el reinado de Alfonso XIII fue concejal y alcalde del ayuntamiento de La Coruña. Seguidor incondicional de Alejandro Lerroux, con el tiempo fue adoptando posiciones cada vez más conservadoras, sobre todo a partir del advenimiento de la República, con cuyo régimen desempeñó diversos puestos de responsabilidad: diputado por Lugo en 1931; miembro de la Diputación Permanente del Congreso y de la Comisión Parlamentaria que informó el Estatuto catalán; presidente del Consejo de Estado; ministro de Marina; etc. Al estallar la guerra civil se hallaba en Madrid; donde fue detenido por una patrulla de milicianos afectos a la República. Recluido en la prisión de Porlier, fue juzgado, pocos días después, por un tribunal de emergencia, que lo condenó a muerte y fue ejecutado.

lunes, 17 de marzo de 2014

Francisco Franco (1892-1975)

Designado el 29 de septiembre jefe del Gobierno y Generalísimo de las fuerzas nacionales, el militar africanista' creará una dictadura vitalicia que acaba desembocando en el proceso de transición democrática

"El día más importante de mi vida". Así se refiere en alguna ocasión Francisco Franco (Ferrol 1892) al 29 de septiembre de 1936, la fecha en la que una junta de generales y coroneles rebeldes deposita en él la dirección del Gobierno de la España nacional y, en la práctica, lo consagra como el Jefe de Estado de los siguientes 40 años.

El camino hasta ese desenlace ha sido objeto de largas polémicas. ¿Llegó Franco a disfrutar de ese privilegio por una determinación casi divina, como han sostenido durante muchos años los hagiógrafos del general? ¿O por el contrario, su ascenso al poder es la consecuencia de una serie de casualidades?

La realidad no está en ninguno de los dos extremos sino que responde a la cuidadosa mezcla de prudencia, ambición, oportunismo, suerte, y cierto extraño carisma que forja Franco desde muy temprano. Suficiente para convertir en franquista una causa a la que su caudillo decide adherirse prácticamente en el último momento y para ejercer el poder casi absoluto allí donde se le había concedido una Jefatura Militar según la  fórmula del primus inter pares, a la espera, del restablecimiento de la Monarquía.

A menudo se ha insistido en que es imprescindible entender el personaje de Francisco Franco desde su infancia en una familia de clase media de una ciudad de provincias, fracturada por el enfrentamiento entre su madre (conservadora, cristiana y abnegada) y su padre (liberal y, a menudo, violento con sus hijos y esposa). La memoria de ese dilema familiar arraiga en el primer instinto ideológico de Franco: su aversión por cualquier forma de liberalismo y su fidelidad al catolicismo.

Más allá de interpretaciones psicoanalíticas, Franco es un niño taciturno que no consigue entrar en la Escuela de Marina de su ciudad y ,que con sólo 15 años marcha a Toledo, donde ingresa en la Academia del Ejército de Infantería. La educación militaren España es, en aquella época, una institución retrógrada en lo político y pobre en lo específicamente militar. Sus miembros viven en una especié de burbuja ajena al resto de la sociedad, hada la que se fomentan sentimientos de desconfianza.

Así, es en la Academia de Toledo donde Franco tiene noticia de los disturbios relacionados con la Semana Trágica de Barcelona, en la que los trabajadores catalanes se plantan contra las levas que recluían tropas para las guerras de África. Franco enfatiza en aquellas fechas sus recelos hacia la sociedad civil y hace suya la creencia de que es al Ejército a quien corresponde la labor de salvar a España, antes o después, de su larga decadencia.

Nadie, en cualquier caso, hubiera pensado en él como el capitán de esa misión histórica. Franco fue en Toledo un estudiante del montón, licenciado en 1910 en el puesto número 251 de su promoción (sobre los 312 estudiantes que concluyeron sus estudios), más disciplinado que brillante y más melancólico que popular. ¿Qué ocurre para que aquel alférez mediocre se convierta -apenas, 14 años después- en el general más joven de Europa y en uno de los militares más prestigiosos de España?

Como en tantos relatos del siglo XIX, el general encuentra su redención vital; en las colonias y en las aventuras que ofrecen. La lucha por el control del protectorado de Marruecos, una guerra enquistada y fuente de frustraciones para los españoles, es el renacer de Franco, que llega a Melilla en 1912 y liga su destino a África hasta 1926.

Marruecos le ofrece, antes que nada, una oportunidad para prosperar, avanzar dentro de la jerarquía militar con pasos de gigante y adquirir prestigio dentro del Ejército. El joven oficial destaca pronto por su entusiasmo hacia la causa colonial, por su determinación y sangre fría ante las situaciones de riesgo y por la contundencia con la que despacha al enemigo, las tribus independentistas rifeñas.

Las crónicas retratan a Franco como un oficial meticuloso, generoso con aquellos a los que considera suyos y ambicioso en lo que se refiere a sus posibilidades de promoción dentro la jerarquía militar. Mientras, los soldados marroquíes que combaten con él lo recuerdan como a un español con baraka (algo más que suerte, en su idioma).

La mitología franquista está llena de episodios de aquella época, como su encuentro con el general Milán Astray en 1917, al que ayuda a crear la feroz Legión Española o de combates épicos como la defensa de Melilla o el Desembarco de Alhucemas, un episodio militar mal planteado en el que Franco logra salva los muebles gracias a su perseverancia y determinación.

Su prestigio, en cualquier caso, sirve para que aquel estudiante invisible en la Academia de Toledo adquiriera la categoría de militar de carisma. Tanto es así que durante un corto destino en Oviedo se permite alternar con Carmen Polo, hija de una de las familias más elegantes de la capital asturiana y a sobreponerse, incluso; a los reparos iniciales de su familia. La boda se celebra en 1923 con el rey Alfonso XIII como padrino de bodas.

Franco, por aquellos años, empieza a cultivar un efímero perfil mundano, dedicado a saborear su prestigiól de héroe de guerra entré los homenajes en el Hotel Palace de Madrid y los perfiles ensalzadores de los periódicos conservadores.

Aquellos eran los años de la dictadura de Miguel Primo de Rivera. El ascenso de Franco a la categoría de general (el más joven del continente de su momento) y su creciente relevancia social minimizan sus críticas -que existen- hacia el mandato de Primo de Rivera.

El ascenso a general en 1926 pone fin a los años africanos de Franco. Instalado en Madrid, en un piso alquilado del Paseo de La Castellana, el joven general pasa algunos meses relativamente ociosos en los que frecuenta tertulias y lobbys y en los que empieza a insinuar remotamente su interés por la política. Se cuenta que en aquella época Franco llega a permitirse dar consejos a los ministros de economía de Primo de Rivera en materias tan complicadas como la política monetaria, avalado, simplemente, por su prestigio militar.

El Gobierno, en cualquier caso, tiene reservadas, para Franco misiones más importantes que la de polemista. En 1927, el propio Primo de Rivera le confía la labor de fundar y dirigir la Academia Militar de Zaragoza, una escuelas unificada para los tres ejércitos. Franco acoge el encargo con gozo y pone en marcha un sistema de enseñanza que, desde fuera, es visto con horror. "Troglodítica educación", califica Ramón Franco, el díscolo hermano aviador, la enseñanza que se imparte en Zaragoza. Sin embargo, los alumnos de la Academia que estudian a sus órdenes demuestran una fidelidad personal inquebrantable por Franco, que tendrá mucho que ver en su ascenso político durante los primeros meses de la Guerra Civil.

La Academia, en cualquier caso, no hace ningún esfuerzo por deshacer el enclaustramiento social del Ejército español. Tanto es así, que los sucesos de abril de 1931, cuando los partidos monárquicos son derrotados en las elecciones municipales por los republicanos y trabajadores en las grandes ciudades, cogen completamente desprevenido a Franco. Como él, los elementos más conservadores del Ejército se quedan sin capacidad de reacción cuando la presión de las masas obliga al rey Alfonso XIII a huir de Madrid, en la noche del 14 de abril, e iza la bandera tricolor de la República en el Palacio Real.

Franco, se cuida mucho de mostrar su adhesión al nuevo régimen, pero también marca distancias respecto a los colegas más hostiles del Ejército. Durante los primeros meses de República administra sus gestos de manera equidistante. Pese a ello, el descontento del general (y de todo el ejército) con el nuevo sistema va en aumento en los momentos iniciales, más por motivos personales que por razones ideológicas. La reforma de las Fuerzas Armadas que emprende (y nunca concluye) Manuel Azaña desde el ministerio de Defensa es interpretada por todos los militares africanistas como un agravio personal que les afecta directamente. El propio Franco pierde varios puestos en el escalafón de los generales españoles. Poco después se cierra la Academia de Zaragoza, otro golpe en el orgullo de su director.

Es sabido que Azaña escribe en esa época que Franco es para la República el más temible de los militares españoles. Sin embargo, su renuncia a participar en el golpe de Estado del general Sanjurjo en 1932 (que Franco no secunda porque vaticina su fracaso) hace que el Gobierno renueve su confianza en el general gallego y busque acercarlo a su causa: Azaña lo destina a las islas Baleares, creyendo que aquel era un gesto de conciliación, pero Franco interpreta su plaza como una postergación y una nueva humillación;

Así las cosas, en 1934, la victoria electoral de los partidos conservadores vuelve a colocar al general en el candelero. Los falangistas (aún marginales) de su cuñado Ramón Serrano Suñer, tos católicos de la CEDA y los radicales de Lerroux le tientan con la entrada en la política activa, pero ninguno arranca de él su compromiso. Sin embargo, y siempre sin abandonar su estricto cumplimiento de la función militar, Franco diseña la durísima represión: contra la Revolución en Asturias, lo que le vale un nuevo destino (el regreso a Marruecos) y, ya en 1935, el ascenso a la Jefatura del Estado Mayor.

Poco dura Franco en su nuevo puesto. El Gobierno del Frente Popular que sale de las elecciones de 1936 le retira su confianza y lo relega a un nuevo destino en Canarias. Sólo en ese momento, Franco se empieza a identificar con las llamadas "derechas catastrofistas", los grupos que creen que la única solución política para España es la aniquilación de la Segunda República. 

Franco se mueve con decisión y oportunismo en aquellos días de enorme tensión. Elude la vigilancia del Gobierno, viaja desde Tenerife a Las Palmas de Gran Canaria y toma el famoso Dragón Rapide, el avión que le traslada hasta Marruecos. Ya el 19 de julio, en Tetuán, toma el mando del Ejército de África.

Aunque de esta manera pasa a ser una de las figuras destacadas de la sublevación, Franco no es, ni mucho menos, su líder. El general Sanjurjo -exiliado en Portugal- es la personalidad de más prestigio entre los militares. El general Mola, que dirige la rebelión desde Navarra, también le adelanta en jerarquía y en relevancia, como jefe de los militares en el norte de España. Franco, en realidad, sólo es uno más en el siguiente escalafón de la jerarquía junto a los Queipo de Llano, Goded, Fanjul, Kindelán, etcétera. Muchos de ellos, de hecho, desconfían de Franco, al que no perdonan que no se hubiera involucrado en el golpe de Sanjurjo y hubiera demorado su apoyo al golpe de Estado de julio.

Una vez más, Franco remonta estas condiciones adversas. El fracaso parcial del alzamiento se cobra la vida de algunos de sus rivales (Goded en Barcelona, Fanjul en Madrid) y Sanjurjo se pierde para la causa en un accidente aéreo. Es entonces cuando entra en juego la ambición personal y el sentido de la oportunidad de Franco.

Atascado en el Estrecho de Gibraltar con sus tropas sin poder entrar en la Península, Franco gestiona personalmente el apoyo de la Entente Cordiale a su desembarco. Esa acción consigue que Alemania e Italia (y con ellos la opnión pública internacional) le reconozca como jefe de los sublevados. 

Cuando Franco llega a Andalucía, sus tropas protagonizan un feroz y rápido avance, en contraste con los problemas en el Frente del Norte. Su prestigio entre los oficiales sublevados (muchos de ellos, antiguos alumnos suyos) y su ambición personal le valen para que su autoridad se acreciente en las reuniones entre los generales sublevados durante las primeras semanas de otoño de 1936. A finales de septiembre, se decide unificar el mando de sus tropas bajo una Jefatura militar única que habría de ocupar el propio Franco. Una semana después, tras la liberación; del Alcázar de Toledo, vuelven a reunirse para formalizar esa decisión, Franco asume el cargo de jefe del Estado.

A partir de ahí, Franco ralentiza la guerra con un doble objetivo: buscar la derrota incondicional de su enemigo y legitimar su poder personal, consolidado gracias a su larga cruzada.

Cuando concluye, es un jefe de Estado perseverante que gobierna España con muchas de las cualidades que rigieron su vida como oficial. Con las mismas, se mantiene a flote gracias a las rivalidades entre las familias de la derecha española, hace suyo el mérito de una recuperación, económica basada en políticas contrarias al proteccionismo que siempre había defendido y sobrevive 40 años en el Palacio de El Pardo.

. Franco, el libertador (síntesis biográfica)  Pensamiento alavés Año VI Número 1224 (04/01/1937)

viernes, 14 de marzo de 2014

Hidalgo de Cisneros (1894-1966)

Designado jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Aéreas republicanas por Largo Caballero al poco de estallar el conflicto, en diciembre de 1938 se encarga de adquirir un importante contingente de armas procedente de Moscú

Tras la cruenta Batalla del Ebro, acaecida entre julio y noviembre de 1938, el bando republicano se repliega en Cataluña. Su situación moral, económica y armamentística se torna cada vez más débil. Juan Negrín, presidente del Gobierno de la República desde mayo de 1937, es consciente de que sólo con una importante adquisición de armas sus hombres llegarán a resistir el avance nacional por más tiempo.

En diciembre de 1938, el general Ignacio Hidalgo de Cisneros es el elegido para conseguir este armamento. Según sus propias palabras, "unos días antes de la ofensiva de los nacionales contra Cataluña" el jefe de las Fuerzas Aéreas republicanas parte hacia Moscú, haciendo escala en Ankara (Turquía), para realizar un ingente pedido de 250 aviones, 250 tanques, 650 piezas de artillería y 4.000 ametralladoras. El coste de la operación asciende a 103 millones de dólares, de ahí el comentario del mariscal Vorochilov: "¿Van ustedes a dejarnos sin armas para defendernos?".

Hidalgo de Cisneros informa al militar soviético de la caótica situación por la que atraviesan las unidades republicanas, sin apenas fusiles, municiones y material de aviación, y añade: "Salvo su país, nadie nos ha vendido nada. La verdad es que hemos pagado dinero a varios estafadores y sinvergüenzas sin recibir prácticamente nada a cambio. Si por alguna razón no puede suministrarnos todo lo que pedimos, al menos ayúdenos a conseguir armas de otros países".

Al día siguiente, Hidalgo de Cisneros es recibido por Stalin, quien acepta todas las peticiones republicanas y, además, asume la operación sin garantías. Tan sólo le pide a éste la firma de un acuerdo. Según el militar, siete barcos soviéticos son los encargados de transportar todo el material bélico hasta España. Parten desde la ciudad de Murmansk (URSS) con destino a la ciudad francesa de Burdeos. Sin embargo, las autoridades galas retrasan su llegada a Cataluña hasta principios de febrero de 1939, fecha en la cual los nacionales ya tienen gran parte del territorio catalán bajo su mando. El armamento regresa a Francia y, posteriormente, al país de su legítimo dueño: la Unión Soviética. Aun así, los archivos militares soviéticos de la época indican que este envío de armamento es inferior al prometido: 2.770 ametralladoras en vez de 4.000, 40 tanques en vez de 250, 539 piezas de artillería en vez de 650 y 168 aviones en vez de 250.

Ignacio Hidalgo de Cisneros y López de Montenegro nace en Vitoria en 1894. De familia noble, ingresa en la Academia de Intendencia de Ávila y se gradúa en 1914, para participar como aviador en la Guerra de Marruecos.

Al finalizar la Primera Guerra Mundial, España reanuda las operaciones en el continente africano con el uso de armas químicas contra la población civil. Sus testimonios respecto a este tema son de los más valiosos de la época. Destinado en Melilla, es el piloto del único avión con capacidad para llevar a cabo un fuerte ataque con munición sobre el enemigo en la región marroquí del Rif: "En aquellos días me tocó realizar una faena verdaderamente canallesca que me proporcionó el vergonzoso y triste privilegio de ser el primer aviador que tiró iperita desde un avión. Es curioso los años que tuvieron que pasar para que me diese cuenta de la monstruosidad que cometía tirando gases a los poblados moros". Las bombas, de 100 kilogramos cada una, son consecuencia del revés que las fuerzas españolas reciben en Annual (Marruecos) en 1921, y que la Historia recoge como el Desastre de Annual. Las autoridades militares buscan resolver el conflicto y encuentran la solución en el gas iperita, también conocido como gas mostaza.

En su primer ataque a una pequeña posición elevada, Hidalgo de Cisneros comenta: "Hicimos la pasada bastante bajos y metimos cuatro bombas en la posición". Al día siguiente, "nuestra sorpresa fue inmensa cuando vimos, no sólo que la posición estaba entera, sino a los moros de la guardia paseándose por ella, como si en vez de iperita les hubiésemos tirado confeti", añade. Los ataques químicos continúan durante varios días: unas 60 bombas tóxicas se lanzan contra focos de población pero, "un mal día, una de estas bombas de gas mostaza se rompió durante su manipulación en nuestra base, sin llegar a estallar, pero dio lugar a más de 20 bajas", añade.

Tendrán que pasar algunos años para que junto con el comandante Ramón Franco, hermano del Generalísimo, y un grupo de aviadores, el 15 de diciembre de 1930 participe en la sublevación de Cuatro Vientos (Madrid). Este levantamiento pretende coincidir con la declaración de huelga general realizada por PSOE y UGT, hecho que finalmente no se produce. Los golpistas se adueñan de la base aérea madrileña y sobrevuelan la capital lanzando octavillas a favor de la República. El Gobierno envía fuerzas leales a la toma del aeródromo. Tras retomar el control de la situación, a las doce de la mañana aparece la bandera blanca, mientras algunos sublevados, entre los que se encuentra Hidalgo de Cisneros, huyen vía aérea a Portugal.

El escritor Rafael Alberti escribirá años más tarde unas líneas acerca de este episodio: "Fue una mañana de diciembre. María Teresa y yo, como todo Madrid, mirábamos al cielo frío, esperando que las alas conjuradas de Cuatro Vientos decidieran. Pero las alas, sintiéndose enfiladas por fusiles, se vieron impelidas a remontar el vuelo, rumbo a Lisboa. (En uno de esos aviones iba Queipo de Llano, en otro, Ignacio Hidalgo de Cisneros: dos Españas en vuelo, que habían de separarse definitivamente. Queipo, monárquico, se subleva contra el rey; Queipo republicano, se subleva contra la República. En cambio, Hidalgo de Cisneros, intachable conducta, hombre de corazón valiente y seguro, no despintó jamás de las alas de su avión de combate la bandera republicana. El 18 de julio [de 1936], en las batallas decisivas por defenderla, el pueblo lo nombra general y jefe de las Fuerzas del Aire)".

Su exilio dura poco tiempo, ya que vuelve a España tras la proclamación de la República, el 14 de abril de 1931. Ese mismo año conoce a la que será su esposa, Constancia de la Mora, nieta del político conservador Antonio Maura. Con el estallido de la Guerra, De la Mora se pone al servicio del bando republicano: primero, trabaja en la evacuación de niños procedentes de asilos hacia la costa levantina; y después, como censora en la Oficina de Prensa Extranjera. Será una de las primeras mujeres en acogerse a la Ley del Divorcio para contraer matrimonio civil con el piloto republicano.

Cuando se produce la Revolución de Asturias en 1934, Hidalgo de Cisneros abandona el puesto de Agregado Aéreo en la ciudad italiana de Roma para apoyar el alzamiento obrero en contra del Gobierno presidido por Alejandro Lerroux. Según han coincidido en señalar varios autores, después del fracaso de este movimiento revolucionario, De Cisneros ayuda a Indalecio Prieto, futuro ministro en distintos gobiernos durante la Guerra, a escapar escondido en el maletero de un coche a Francia por su presunta colaboración en los preparativos. Después regresa a Roma, donde continúa seis meses más con su antigua labor.

En septiembre de 1936, tras el nombramiento de Largo Caballero como presidente del Gobierno y ministro de la Guerra, es designado jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Aéreas republicanas, con el grado de general, por el entonces titular de Marina y Aire, Indalecio Prieto.

Ya en plena Guerra, en el invierno de 1936-1937, se afilia al Partido Comunista, según él porque "ellos eran los que mejor contribuían a la lucha". Confía este secreto a su mujer, Constancia de la Mora, quien le contesta que ella ha hecho lo mismo unas semanas antes. Otros muchos oficiales del Ejército, que antes habían sido neutrales, se aproximan a posturas comunistas, como el general Sebastián Pozas, jefe del Ejército del Este. A pesar de que por la mente de Hidalgo de Cisneros nunca antes había pasado la idea de formar parte de ningún partido, el comunismo parece la formación política más pujante del momento dentro del bando republicano.

La Aviación gubernamental es la división del Ejército con más afiliados comunistas. En parte, se debe a la estrecha relación que mantiene con los soviéticos respecto a material y entrenamiento de pilotaje, que se plasma en que la mayoría de los pilotos republicanos sigue un curso de seis meses en la URSS. Al lado del oficial soviético lakov Schmutchklevich, conocido como el general Douglas, participa en la Batalla de Guadalajara en marzo de 1937. Durante este enfrentamiento tiene lugar una curiosa anécdota. Cuando se aproxima a la base de Alcalá de Henares (Madrid) avista dos aviones italianos e intenta librarse de ellos, aunque sin conseguirlo. Sin embargo, su sorpresa llega cuando los pilotos de los aparatos le saludan desde las cabinas de forma amistosa. Cuando los tres aviones aterrizan, recibe las explicaciones oportunas: se trata de dos naves nacionales cuyos pilotos han sido capturados en el aeropuerto madrileño de Barajas, y los aparatos, aún con las insignias de la Aviación nacional, son utilizados por las Fuerzas Aéreas republicanas para dar escolta a su jefe.

Otra de sus numerosas acciones tiene lugar poco después de que el 31 de mayo de 1937 una flota alemana ataque la ciudad de Almería, destruyendo numerosos edificios y matando a más de 30 personas, en represalia por el bombardeo al acorazado Deutschland en Ibiza días antes. En el aeropuerto de Barajas cae, arrojado desde el cielo, el cuerpo amputado de un piloto republicano junto a un letrero con frases insultantes en italiano. La Aviación republicana, con Hidalgo de Cisneros a la cabeza, promete venganza. Su plan consiste en bombardear Roma, pero el Consejo de Ministros calma los ánimos, ya que es poco probable que Gran Bretaña y Francia apoyen a la República en un conflicto contra Italia.

Una vez olvidado el ánimo de revancha, durante el asedio de los nacionales a las provincias del norte del país, decide mandar a la zona pequeñas fracciones de sus unidades aéreas y mantener la superioridad numérica en los frentes principales pero, ante las insistentes reclamaciones del Gobierno vasco, envía sucesivas formaciones aunque la mayoría son destruidas tanto en tierra como en aire según van llegando a la zona. En total, pierde unos 200 aviones y, con ello, la supremacía aérea de la República, que ya no vuelve a recuperar en lo queda de campaña.

Por otra parte, su nombre y el de su mujer, Constancia de la Mora, aparecen ligados a la desaparición, en junio de 1937, de Andreu Nin, máximo dirigente del POUM al estallar la Guerra, acusado por los soviéticos de espía. Según afirma el historiador José María Zavala, en su libro En busca de Andreu Nin, antes de su muerte por orden del general Orlov, que actúa en nombre de Stalin, Nin se encuentra confinado en un chalet de la localidad madrileña de Alcalá de Henares, utilizado esporádicamente por Hidalgo de Cisneros y su esposa.

También es relevante su actuación durante los últimos suspiros de la Guerra. En los meses de febrero y marzo de 1939, el coronel Segismundo Casado prepara una rebelión anticomunista contra el Gobierno republicano para conseguir la paz con los nacionales. Hidalgo de Cisneros se reúne con él durante un almuerzo en los alrededores de Madrid, En la conversación, el militar golpista le hace ver que puede conseguir el final de las hostilidades sin revanchismos: "Le doy mi palabra de que puedo conseguir de Franco mejores condiciones de las que pueda conseguir Negrín. Incluso puedo asegurarle que respetarán nuestra graduación". Hidalgo de Cisneros pregunta a Casado cómo quiere alcanzar ese objetivo, a lo que el militar le responde que el representante británico en Madrid ha alcanzado un acuerdo con Franco sobre este tema. Aun con estas explicaciones, no le cree y le comenta a Negrín el contenido de su entrevista, pero el presidente del Gobierno no lleva a cabo ninguna acción política.

El 6 de marzo, Hidalgo de Cisneros se reúne con Negrín junto con varios dirigentes comunistas, en la base aérea de Monóvar, a pocos kilómetros de Elda (Alicante) y envía un mensaje a la Junta Nacional de Madrid de Casado para solucionar las diferencias entre ésta y el presidente. La respuesta se espera hasta las dos y media de la tarde. Ante la ausencia de contestación, a las tres de la madrugada despegan de la base los tres últimos aviones del Gobierno de Negrín: dos con destino a Francia (en uno de ellos se encuentra Hidalgo de Cisneros) y un tercero, a África.

Una vez finalizada la Guerra, formará parte del comité de redacción, junto con otros generales, de la revista Cultura Militar, publicada en París durante 1947 y 1948, y seis años después será nombrado miembro del Comité Central del Partido Comunista de España.

En 1961 publica sus Memorias, donde relata sus experiencias como aviador, y en 1966 muere en Bucarest (Rumania). Por deseo familiar, sus restos descansan en un panteón del cementerio de Santa Isabel de Vitoria desde el año 1994.

jueves, 13 de marzo de 2014

Fidel Dávila Arrondo (1878-1958)

Veterano militar curtido en las campañas de Cuba y Marruecos, la confianza que Franco deposita en él le franquea el acceso a cargos de máxima responsabilidad tanto en el ámbito político como en el militar

Uno de los más estrechos colaboradores del general Franco, tanto en los prolegómenos de la sublevación militar de 1936 como, sobre todo, durante el desarrollo de la Guerra Civil y, posteriormente, en la organización de la dictadura del Caudillo, Fidel Dávila Arrondo nace en la Barcelona del año 1878.

El Ejército, una de las instituciones con más peso social y político de la época, se convierte desde temprana edad en la obsesión de un joven que con tan sólo 16 años de edad ingresa en la Academia de Infantería, obteniendo dos años más tarde el grado de segundo teniente. A punto de cumplir los 20 años, Dávila ya había ascendido a primer teniente, lo que facilita su incorporación al Cuerpo de Estado Mayor,

Como buena parte de sus colegas, a finales del siglo XIX Dávila se enfrenta a la crisis del sueño imperial español ya las dificultades desencadenadas en España a consecuencia de ese drama nacional, Cuba y Marruecos fueron los destinos en los que el joven Dávila forja su carácter, rudo y disciplinado, y donde empieza a ganarse el respeto de sus compañeros y superiores. La recompensa a ese esfuerzo llega en el año 1902 cuando, tras ascender rápidamente en el escalafón por sus méritos de guerra, es nombrado capitán de Estado Mayor.

Con el paso dé los años, Dávila mejora su posición, siendo nombrado coronel en 1924 y general de Brigada en 1925.

Su trayectoria es imparable y en el año 1936, alcanza el grado de general de División, puesto que por entonces también ostentaba el todavía más joven Francisco Franco, junto al que Dávila viviría sus mejores momentos en el cuerpo.

Para entonces, los intentos de Azaña por aligerar el número de altos mandos del Ejército español acaban llevando a Dávila al retiro forzoso.

Esta medida, unida al resto de acciones progresistas emprendidas durante la Segunda República solivianta el ánimo de la conservadora cúpula castrense española.

Así, antes del estallido del levantamiento nacional del 18 de julio de 1936, Fidel Dávila, de profundas convicciones católicas y monárquicas, ya había entrado en contacto con los generales Franco y Emilio Mola, los militares que estaban llamados a dirigir la sublevación.

Una vez puesto en marcha el golpe contra la República y ya iniciada la Guerra, Dávila ocupa el Gobierno Civil de Burgos en la noche del 18 al 19 de julio de 1936. Ese primer paso determina para siempre su biografía y le permite jugar un papel protagonista tanto en los primeros momentos del conflicto como en las siguientes dos décadas de la Historia de España.

Así, desde Burgos y ocupando la jefatura detestado Mayor del Ejército, el 24 de julio Fidel Dávila se incorpora en la recién creada Junta de Defensa Nacional. La institución, presidida por el también militar Miguel Cabanellas, cuenta con la seis vocales abandonando el esquema tradicional de los ministerios. Dávila ocupa uno de esos puestos, pasando a formar parte de la dirección del Ejército sublevado junto a los más destacados generales que participaron en el alzamiento en la península, esto es, Mola, Saliquet, Ponte y los coroneles Montaner y Moreno Calderón.

Durante los tres primeros meses de la Guerra, Dávila desempeña esta función, demostrando pronto su cercanía a Franco. De hecho, Dávila se mantiene en el cargo hasta el 30 de septiembre de 1936, coincidiendo con la elección por la plana mayor de los militares nacionales -entre la que se encontraba el propio Dávila- del general gallego como nuevo jefe del Gobierno del Estado español y Generalísimo de los Ejércitos.

A partir del 3 de octubre siguiente, Dávila recibe en Burgos el encargo de presidir la nueva Junta Técnica del Estado, una suerte de gobierno provisional que tuvo el cometido de organizar la administración de la España sublevada. Aquella fue, según los expertos, la recompensa de Franco al apoyo y lealtad mostrado hacia él por el general catalán, así como el reconocimiento a sus esfuerzos para lograr el triunfo de la sublevación militar en Burgos.

De este modo, a la vez que empieza a ser considerado uno de los peones de confianza de Franco, Dávila va adquiriendo mayor peso en el aparato burocrático-administrativo del incipiente régimen franquista. En palabras del historiador británico Stanley G. Payne, Fidel Dávila "comenzó a estar más acostumbrado al despacho que al campo de batalla".

Prueba del carácter eminentemente político de este personaje es que en el primer invierno de la Guerra, Dávila juega un papel destacado como enlace entre Franco y los carlistas, una de las familias del franquismo que de manera más contundente se opuso al poder absoluto del Caudillo. Así, cuando el 8 de diciembre del 36, sin haber consultado al Generalísimo, el alto mando carlista crea con el apoyo del general Mola una Real Academia Militar para la formación de jóvenes oficiales en materias militares e ideológicas, Franco pide a Dávila que informe al conde de Rodezno de que la creación de esa institución sólo puede ser considerada como un intento de golpe de Estado.

El suceso se salda con la huida al exilio de Lisboa de Manuel Fal Conde, jefe supremo carlista e inspirador del proyecto.

Ese y otros episodios en los que Dávila demostró su eficiencia como colaborador de Franco le sirvieron al general catalán para contar con la confianza de un Caudillo cada vez más confiado en su propio poder.

El 3 de junio de 1937 vuelve a hacerse patente el nivel de entendimiento entre ambos. Ese día el general Mola, el director del golpe militar y único alto mando del Ejército que puede hacer sombra a Franco, fallece en un accidente de aviación. Aquella tragedia supone para Dávila la oportunidad de demostrar que, además de ser capaz de moverse con agilidad en asuntos meramente políticos, también estaba dotado para liderar tropas en el campo de batalla.

Así, Dávila se hace cargo de la jefatura del Ejército nacional del Norte, hasta entonces en manos de Mola, y abandona la presidencia de la Junta Técnica del Estado, que pasa a ser gestionada por el también militar Francisco Gómez Jordana.

A partir de ese momento, Fidel Dávila, de menor estatura que el propio Franco, pero "puro, austero y español", según palabras del almirante Cervera recogidas por el historiador Hugh Thomas en una de sus obras, se convierte en uno de los militares con mayor peso y prestigio del Ejército nacional.

Al frente del Ejército del Norte, Dávila dirige las conquistas de Bilbao (19 de junio de 1937), Santander (26 de agosto de 1937) y Gijón (21 de octubre de 1937).

Semejantes éxitos, que supusieron un antes y un después en el desarrollo de la Guerra, no pasaron desapercibidos para Franco. Así, una vez que Serrano Suñer y Gómez Jordana convencieron al Generalísimo de la conveniencia de poner fin a la, desde hacía meses, obsoleta Junta Técnica del Estado y de la necesidad de crear el primer Gobierno ministerial franquista, el nombre de Fidel Dávila tomó fuerza como uno de los ministeriales. Finalmente se le asigna la cartera de Defensa Nacional, uno de los departamentos con más competencias del Gabinete.

Por primera vez, el Ministerio de Defensa Nacional, de nueva creación, engloba a los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire hasta su disgregación en el segundo Gobierno de Franco del 10 de agosto de 1939. Ostentando este puesto y la Jefatura del Ejército del Norte, Dávila se encarga de la reorganización del Frente de Teruel.

Franco convierte la recuperación de esta plaza, a priori secundaria, en una cuestión personal y, con el objetivo de lograr que la operación fuera un éxito, pone a disposición de Dávila las mejores unidades del Ejército nacional, incluida la Aviación italiana y los efectivos de la Legión Cóndor. Dávila no falla. La toma de Teruel, certificada el 22 de febrero de 1938, supone el espaldarazo definitivo a su carrera militar y el traslado del grueso de las operaciones al Mediterráneo donde habría de librarse, en el mes de noviembre de ese mismo año, la Batalla del Ebro, enfrentamiento que, cuatro meses después, tras la ocupación de Cataluña, provocaría la huida hacia Francia de las tropas republicanas.

Una vez finalizada la Guerra, Fidel Dávila, de 61 años de edad, cesa como ministro de Defensa Nacional al constituirse el segundo Gobierno de Franco. A partir de ese momento, es nombrado jefe de la Capitanía General de la II Región y, más tarde, jefe del Alto Estado Mayor, dos de los cargos que gozaban de la máxima confianza del jefe del Estado.

El 20 de julio de 1945 con motivo de la formación de un nuevo gobierno, se encomienda a Dávila la cartera del Ejército. Era el premio a un hombre que, habiendo defendido desde el principio los fundamentos del movimiento nacional, había conseguido ganarse el respeto de la institución castrense.

De hecho, el propio Franco tuvo en cuenta en más de una ocasión la opinión de Dávila en asuntos considerados de máxima importancia nacional.

El crédito cosechado durante todo ese tiempo por el militar le lleva a ser nombrado por Franco durante nueve días del año 1949 jefe de Gobierno en funciones, con motivo de la estancia del Caudillo en Portugal.

Ya en 1950, como recompensa a los servicios prestados, Franco le concede el título de marqués de Dávila y un año después, el 19 de julio de 1951, tras dejar el Ministerio en manos del general Agustín Muñoz Grandes, se le otorga la Grandeza de España pasando a formar parte además del Consejo del Reino y siendo nombrado presidente del Consejo Superior Geográfico.

Pocos años después, a los 80 años de edad, Fidel Dávila Arrondo fallece habiendo ocupado los más importantes puestos de responsabilidad de un régimen que contribuyó a crear y con el que se sintió identificado a través de la figura de su admirado compañero de armas Francisco Franco. A título póstumo recibe la distinción de capitán general del Ejército.

miércoles, 12 de marzo de 2014

'Azorín' (1873-1967)

Miembro de la Generación del 98, el prolífico escritor alicantino transita a lo largo de su trayectoria vital por las ideologías más dispares poniéndose, tras su exilio voluntario durante la Guerra Civil, a disposición de Franco

"Algo más que un espectador de la política; jugó un papel de mediador entre la opinión pública y los políticos que gozaban de su devoción, o bien, entre Franco y los que habían perdido la Guerra»". Así define Santiago Riopérez, biógrafo de Azorín, la visión y función política que desempeñó el escritor a lo largo de su longeva existencia, frente a las opiniones que critican su cambiante actitud frente a los regímenes imperantes.

José Martínez Ruiz, Azorín, nace en Monóvar, Alicante, el 8 de junio de 1873, en el seno de una familia acomodada. Estudia Derecho en la Universidad de Valencia, y desde muy joven empieza su labor periodística, colaborando en algunos rotativos de la región como El Pueblo, El Mercantil Valenciano y, ya en Madrid, en El País. Son estos primeros años durante los cuales se siente más identificado con los principios del liberalismo, que evolucionarán en una serpenteante trayectoria que le llevará a tocar los ideales anarquistas, socialistas y republicanos.

Poco después de producirse el alzamiento militar en Marruecos, el matrimonio Azorín abandona España y se traslada a París. No es el único intelectual en escoger el camino del exilio ante el estallido de la Guerra; nombres españoles como Menéndez Pidal, Gregorio Marañón e incluso sus compañeros de generación, Pío Baroja y Ortega también se refugiaron al abrigo de la capital francesa.

Era el principio de una época de profunda nostalgia, soledad y dolor por España en que se verá sumido Azorín durante los tres años que permanezca expatriado. Continúa su colaboración en La Prensa de Buenos Aires, -donde escribe numerosos artículos, entre los que apenas encontramos unos pocos referidos a la Guerra Civil- como único medio para proveer sus necesidades económicas. En su piso de la rué Tilsitt permanece día y noche leyendo y reflexionando, y sin apenas visitar a su amigo Baroja. Es en este ambiente de abatimiento y tristeza en el que se gesta una gran labor de escritor, entre la que destacan dos grandes obras azorinianas, Españoles en París (1939) y Pensando en España (1940). La publicación de sus libros quedó, sin embargo, interrumpida durante estos tres años, y no será hasta su regreso a España en 1939 cuando estas dos grandes obras vean la luz.

"Estoy perdido en París. Perdido en todos los conceptos, (...) Me encuentro materialmente en París, pero mi espíritu está en Madrid. ¿Qué es lo que está pasando ahora en Madrid? ¿Qué les habrá ocurrido a ios queridos familiares que en Madrid he dejado? No llegan a Madrid mis cartas ni de Madrid recibo cartas. Estoy aislado en París como también lo he estado en Madrid". Este testimonio de trasfondo autobiográfico, aunque maquillado con forma de personaje novelesco, extraído de la citada Españoles en París muestra cómo, en palabras de Fernando Sáinz de Bujada, "el amor a España, la preocupación por España, que inspiraron siempre su labor, viéronse acaecidos por el dolor del alejamiento y por las desgarraduras de la contienda (...)".

Al fin, regresará Azorín desde París a España en agosto de 1939. José María Valverde plasma en su libro Azorín las primeras impresiones del escritor al pisar suelo madrileño: "En Madrid todo está igual. España es la de siempre. Bajo el alto cielo de azul radiante los vendedores de periódicos vocean con estridencia (...). ¿Qué me queda por ver? No estaría nada intacto en Madrid si el Ejército nacional no hubiera querido. El Ejército nacional pudo arrasar Madrid y no quiso hacerlo. Su patriotismo se lo impedía (...)".

Sin embargo, en España le aguardan contratiempos. El vicesecretario jefe de los servicios de Prensa de Falange, Gabriel Arias Salgado, da órdenes para impedir que Azorín escriba en periódicos españoles "por ser un tránsfuga", acusación que Serrano Suñer desmiente, y califica de "tontería, porque el principal interés de la entrada de Azorín en España estaba en que siguiera actuando con toda su plenitud intelectual y no sólo para tener un titular más de una cartilla de racionamiento".

De este modo, Azorín se ve en el principio de la posguerra, como apunta Paya Bernabé, habiendo dejado un exilio para encontrarse con otro, ahora dentro de su misma patria. "Soy un extranjero en mi patria, y ése es mi castigo, el castigo de haber estado tanto tiempo lejos de España", llegará a afirmar entristecido en Sintiendo España.

Sin embargo, dos años más tarde, en 1941 conseguirá Azorín zafarse de este veto y comienza a escribir para el diario ABC y la revista de intelectuales Escorial. Comienza aquí una nueva época en la que se asienta en los ideales conservadores del partido del Régimen. Por este motivo, no faltaron las voces que reprochaban a Azorín haberse vendido al bando nacional, y le acusaban de haberse convertido al Régimen únicamente por conveniencia. Voces, además, provenientes de colegas literatos, también en el exilio. Pedro Salinas escribía a Jorge Guillén refiriéndose al académico en este sentido: "¿Es posible, Jorge (...) que [Azorín] no estime más la vergüenza, la independencia del hombre, y se tire todo por la ventana, al final de su vida un escritor admirable, ya por encima de toda política o partido?".

Críticas recibió muchas. Sin embargo, también existen opiniones muy diferentes por parte de estudiosos de Azorín, que justifican la actitud del escritor a lo largo de la inestable trayectoria política de España. Ramón F. Llorens, en El último Azorín (1936-67) explica que "el escritor necesitaba sobrevivir, y esta dependencia económica de la escritura y del periodismo le llevó, en determinados momentos, a una dependencia política. Sin embargo, entre los más de mil artículos que publicó durante estos años no habrá más de una docena dedicados a exaltar la figura de Franco, José Antonio o los logros del Régimen, y siempre respondieron a las consignas oficiales".

Mercedes Vilanova, en La conformidad con el destino de Azorín, lo explica como "una sucesión de adaptaciones a los cambiantes regímenes políticos de España. Que se adapte no quiere decir, ni mucho menos que los acepte, y ahí radica uno de los misterios por los que un escritor puede vivir tranquilamente en una situación, a pesar de estar en contra de ella. Una especial manera de entender la vida le llevó a redondear una y otra vez el concepto de tolerancia".

Pero, al fin y al cabo, la realidad es que Azorín se mostró afín a la política de Franco durante la posguerra española. Lo demuestran los dos artículos de homenaje a Primo de Rivera en ABC, coincidiendo con efemérides falangistas en el año 42, y los numerosos escritos en el mismo diario conservador un año más tarde, en relación al Caudillo.

Azorín continuará publicando numerosos artículos y libros, muchos memorables como El Escritor, Memorias inmemoriales o El oasis de los clásicos, hasta el final de sus días. Fallece el 2 de marzo de 1967, con 94 años en su piso de calle Zorrilla de Madrid.

martes, 11 de marzo de 2014

Antonio Escobar (1879-1940)

General de la Guardia Civil, sus profundas convicciones católicas no le impiden ponerse al servicio de la República participando en su defensa desde la sublevación hasta las últimas acciones desesperadas tras las que es ejecutado

Entre las múltiples contradicciones de la Guerra, ejemplo de ruptura de las relaciones entre lo racional y lo real, encontramos en la ofensiva republicana sobre Peñarroya (Córdoba), en enero de 1939, una muy representativa de la división religiosa de la España de la Guerra Civil. El general Antonio Escobar, católico convencido, combate al mando del Ejército de Extremadura, defendiendo la República frente a los nacionales que pregonaban la cruzada contra los liberales y comunistas enemigos de la fe.

Antonio Escobar, general de la Guardia Civil, dirige el Ejército de Extremadura desde el verano de 1937. En diciembre de 1938, es llamado por el general Rojo para dirigir el ataque republicano en el sector de Peñarroya -al norte de Córdoba- que iba a producirse a principios del mes siguiente. La idea era romper el frente cordobés para ocupar esta comarca minera, lo que abriría el camino hacia Sevilla. Todo ello enmarcado en el famoso Plan P de Rojo, aunque, al final, la ofensiva será el único ataque que se lleva a cabo, lo que determina su resultado.

De todas formas, la cosa parecía haber empezado bien. El 5 de enero de 1939, las tropas republicanas, dirigidas por los Cuerpos de Ejército 6º, 7º y 8º, mandados por Escobar y con base en Almadén (Ciudad Real), rompen el frente y toman Valsequillo. Su avance llega en los días siguientes hasta los 40 kilómetros, entrando incluso en la provincia de Badajoz, pero la resistencia nacionalista, la lluvia y el barro, y los refuerzos que envía Franco, impiden la conquista de Peñarroya.

Agotados y desanimados, los republicanos pierden el control de la situación ante los sucesivos contraataques franquistas. Escobar tiene así que organizar la retirada del grueso de sus fuerzas. Finalmente, el 4 de febrero el frente vuelve a su línea inicial. Pero en el camino quedan cerca de 20.000 víctimas y un gran número de prisioneros. Un duro golpe para el ánimo del general Escobar, marcado por un conflicto trágico desde el principio de la Guerra.

Nacido en 1879, ingresa muy joven en la Guardia Civil. El Instituto Armado se convierte en su universo, y a él dedicará casi medio siglo de su vida. Su inquietud por la justicia, fruto de sus convicciones religiosas y personales, se plasma en una enorme preparación jurídica, de la que es buen ejemplo su obra Comentarios al Código de Justicia Militar.

Al igual que la mayoría de jefes militares y policiales de la época, el general; Escobar es de ideas conservadoras. Pertenece a la Unión Militar Española y, como ya se ha dicho, es profundamente católico. Pero, a diferencia de la mayoría de sus compañeros, profesa un gran respeto por los valores democráticos, por lo que representa una tendencia de conciliación entre el catolicismo y la democracia, tendencia truncada por el triunfo del nacional-catolicismo de Franco.

Cuando se produce la sublevación de julio, Antonio Escobar se halla en Barcelona como coronel de la Guardia Civil. A pesar de que, en teoría, se encuentra ideológicamente más próximo a los militares rebeldes, se pone del lado del Gobierno de la República, cumpliendo su juramento de lealtad a la autoridad constitucional.

El 19 de julio, cuando los hombres del general Goded se sublevan en sus cuarteas de Barcelona, Escobar se enfrenta, en defensa de la ley, con sus compañeros de amas al mando de un tercio de la Guardia Civil. Su columna toma el control se las plazas de Cataluña y de la Universidad, y hace prisioneros a los militares allí sublevados. Por una de las múltiples ironías de la historia, las fuerzas anarquista a las que el coronel Escobar combatido en otras ocasiones lidian codo con codo con él para derrocar a los alzados contra la República.

De Barcelona pasa a Madrid, en el otoño de 1936. Allí participa en la defensa de la capital, al frente de una columna formada por guardias de asalto y milicianos catalanes. Escobar, que seguirá asistiendo a misa todos los domingos, no elude en ningún momento las posiciones de riesgo en los frentes callejeros. Esto le vale el aprecio popular, pero también el resultar gravemente herido.

Una vez restablecido de sus heridas, se le nombra delegado de Orden Público de Cataluña, cargo desde el que ostenta la representación del Gobierno central en la autonomía, y jefe superior de Policía de Barcelona. Permanecerá en estos cargos hasta mayo de 1937, cuando los abandona voluntariamente después de los graves enfrentamierttos en la capital catalana.

Un mes después, es ascendido a general de la Guardia Nacional Republicana -la nueva denominación de la Guardia Civil en zona de la República-. Poco después, se pone al mando del Cuerpo de Ejército de Extremadura, con el que intervendrá en las acciones bélicas del Frente Sur hasta casi el final de la Guerra. Entre ellas, la ya citada ofensiva de Peñarroya de enero del 39, de final funesto.

A mediados de febrero de 1939, el general Escobar, en calidad de jefe del Ejército de Extremadura, participa en la famosa reunión del aeródromo de Los Llanos (Albacete) con Juan Negrín y el resto de los altos mandos militares.

Escobar, aunque cree en la capacidad de su Ejército de resistir otros cuatro o cinco meses, se muestra contrario a continuar con una resistencia inútil, uniéndose así a la tesis del coronel Casado, aunque el historiador Manuel Tuñón de Lara afirma que desconocía la conspiración que se estaba tramando contra el Gobierno.

Dos semanas después, Escobar y sus tropas reprimen la sublevación comunista en Ciudad Real contra el golpe de Casado. Ésta será su última acción militar significativa; la Guerra Civil comenzaba para él frenando una sublevación y terminaba atajando otra.

El 26 de marzo, en medio del avance de las tropas nacionalistas por Extremadura y Toledo y el hundimiento de los frentes, el general Escobar se constituye prisionero en su puesto de mando, junto a su Estado Mayor. Escobar podría haber huido, pero su conciencia y el sentido del deber y la disciplina le conminan a negarse a abandonar España. Esta decisión, que puede calificarse de heroica, tendrá consecuencias funestas para el general, que es encerrado en una prisión militar de Madrid los últimos días del conflicto.

Ocho meses después, la Dirección General de Seguridad del nuevo régimen le traslada a Barcelona para ser juzgado por un tribunal militar. Allí se le aplica rigurosamente el Código de Justicia Militar y se le condena a muerte.

El 8 de febrero de 1940, en el castillo de Montjuïc, el general Antonio Escobar se encaminaba acompañado de su capellán a los fosos donde iba a ser fusilado. Hasta el último momento, Escobar conservó la serenidad y la firmeza de sus convicciones religiosas que le habían acompañado durante toda su vida. Su tragedia personal fue reflejada por el escritor André Malraux en uno de los personajes de su obra L'Espoir