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lunes, 15 de septiembre de 2014

Nuestro patriotismo (Diario: Imperio, diario de la Falange de Zamora)

Como todos los alumbramientos prematuros, lo que llegó a la vida de España en aquél histórico 14 de Abril tenia que ser enclenque, enfermizo, mediocre, sin larga existencia posible. Y si unimos  a este fenómeno de la patología social la incapacidad de los encargados de robustecer aquél organismo, dándole posibilidades de viabilidad, se comprenderá fácilmente que el final de «aquello» no podía ser otro que el que estamos presenciando: la muerte de un régimen con el total aniquilamiento de sus progenitores, de los que en la sombra lo gestaron y de los que contribuyeron a acelerar su advenimiento, sin esperar a su madurez plena. 

Todo se hundió en el más rotundo de los fracasos. Y es por que los hombres del 14 de Abril -son palabras de nuestro caudillo, palabras con recio sabor de profecía- frustraron la revolución, la verdadera revolución, «la que abría una clara esperanza para todo un pueblo». 

Coincidiendo con ese escamoteo de la revolución, recogiendo su espíritu, varado en la infecundidad de aquellos espíritus mediocres -eran, al fin, hombres cuajados en la patriotería de un liberalismo rancio, sin nervio ni sustancia- surgió la Falange Española y surgió para eso: para empujar, para sacar adelante la revolución, para barrer de obstáculos su camino y enderezarla por rumbos nuevos: los de un nacionalismo puro, sin el patriotero y ridículo «chinchín» de la Marcha de Cádiz, ni la bulliciosa, pero estéril jovialidad bullanguera de los regocijos populares de entonces. 

Y ese movimiento renovador, que no se manifestaba en la superficie mansa, quieta de la cloaca política, sino que se movía, en agitación constante, en el fondo de la conciencia del pueblo, era el más cabal y justo exponente del verdadero patriotismo. Y lo era por que no necesitaba de ineficaces estimulantes de la bullanga, porque llevaba en sí el germen creador de entusiasmos hondos, ni precisaba caminar a rastras del favor, porque su espíritu lo era de abnegación y de sacrificio, de austeridad y de callado esfuerzo. Tampoco amaba ni apetecía la quietud, el estatismo cómodo de la 
espera, porque era dinamismo creador, rebeldía latente en viril tensión de juveniles empujes. Nuestro patriotismo, como nacido de la cantera viva del pueblo, nutrido con las puras esencias de las glorias marchitas, pero no muertas de España. Era España misma vinculada en nuestro credo de lucha, unida a él por el yugo de la unidad de destino bajo las flechas luminosas de los grandes anhelos imperiales. 

Por eso nuestro patriotismo no es un artificio creado por los que hacen de esta palabra, tan rica en sentido, adormidera del pueblo para mejor, explotarlo. Nuestro patriotismo es rudo, áspero, intransigente, fanático, porque el concepto de Patria cobra en nosotros todo su significado de virilidad, de gallardía. Y porque nosotros amamos a España como se ama a las mujeres buenas, a las madres torturadas por todos los dolores, lanceradas por todos los sufrimientos: la amamos, no por hermosa, sino -lo dijo nuestro José Antonio- por desgracia. 

Y no hay amor más hondo, más puro, más santo que el que arranca de las entrañas del dolor ante la desgracia de una Madre tan MADRE como lo es ESPAÑA.   

Imperio : Diario de Zamora de Falange Española de las J.O.N.S. Año I Número 3 - 1936 Octubre 31

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