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sábado, 18 de julio de 2015

¡A la lucha por una verdadera democracia para todos!


El pueblo español ha contestado como un solo hombre al desafío del fascismo, y en estos momentos en España se está ventilando la más importante cuestión, de toda su historia, la de acabar de una vez para siempre con la casta de explotadores y parásitos que la tienen amordazada desde hace siglos y siglos.

A un lado explotadores y parásitos, valiéndose de la traición, del engaño y de la canallada, todo lo cual está comprendido en la palabra fascismo. Enfrente, el pueblo español, con su miseria, su hambre y su odio de siglos, representado en las heroicas milicias, sangre de su sangre.

¡La suerte está echada, heroicos luchadores! La batalla final ha comenzado, y toda la España popular que trabaja y produce se estremece de ira contra la criminal provocación, dando lugar a este importantísimo hecho, de enorme trascendencia histórica, que es la formación de las milicias populares.

Por primera vez en la historia de España su pueblo está representado por una institución armada, por una institución formada por y para él pueblo, lo cual es importantísimo, no sólo para España, sino para el mundo entero donde el pueblo tiene los mismos problemas.

Ejércitos mercenarios, ejércitos nacionales hay muchos; ejércitos y milicias auténticamente populares, solamente en Rusia, en China, y ahora en España.

¡El mundo entero está por eso en estos momentos pendiente de nosotros! El proletariado internacional y los amantes de la democracia nos miran esperanzados; para los fascistas y reaccionarios, España no es más que un botín.

La formación de las milicias populares asegura en España el triunfo y el sostenimiento de la verdadera democracia.

Nadie conoce y defiende mejor los intereses del pueblo que el pueblo mismo, y con las milicias es el pueblo mismo que está en armas y mediante ellas puede hacerlos efectivos.

¡Pueblo español, en pie; enrolaos en las milicias! ¡Vosotros no tenéis nada que perder más que vuestra miseria; tenéis en cambio una España a ganar! 


Milicia popular : Diario del 5º Regimiento de Milicias Populares Año 1º Número 1 - 1936 julio 26 

viernes, 17 de julio de 2015

La mujer en lucha contra el fascismo


Alrededor de la mujer española han hecho las gentes de sacristía una leyenda sucia. A la mujer española se la ha presentado con un espíritu egoísta zafio y repugnante. Para esas gentes, que en el fondo odian a la mujer, ésta no tiene otra misión que la de coser calcetines y empoyar carne de esclavitud. Nada más falso que esta leyenda.

La mujer española ha tomado parte en todas las luchas que el pueblo ha llevado a cabo por su libertad.

Tres nombres: Agustina de Aragón, Mariana, Pineda, Aida Lafuente, y ahora los miles y miles de heroicas milicianas que van a jugarse la vida por la libertad, por el ideal de ellas y de sus padres, hermanos, marides y novios. Cualquiera que haya tenido ocasión de presenciar el desfile de una compañía de estas heroicas mujeres no lo olvidará jamás. No puede olvidarlo si en su corazón existe un átomo siquiera de humannidad y de amor a España y a su pueblo.

Las mujeres van al frente y no sólo a prestar servicios como enfermeras u otros secundarios, sino a empuñar el arma, a combatir en primera línea contra el fascismo. También es de destacar la conducta no menos heroica y abnegada de las que prestan servicio en la retaguardia como enfermeras, cocineras, encargadas de la limpieza, etc.

A la vista de tanto heroísmo femenino, no podemos menos de recordar a las mujeres de la Union Soviética, libertadas de la esciavitud sexual y social por la revolución del 17, y entregadas hoy en grandes masas a los arriesgados ejercicios del parachutismo.

Decididamente, el valor no es hoy sólo privilegio de los hombres.

Milicia popular : Diario del 5º Regimiento de Milicias Populares Año I Número 4 - 1936 julio 30 

martes, 14 de julio de 2015

Franco, el libertador

La Síntesis biográfica del caudillo español 


Marcel Chaminade ha celebrado en Salamanca, con el general Franco, una entrevista al modo de las que Emil Ludwig sostuvo con Hitler y Mussolini. Tras de ella el eminente escritor ha publicado en una de las más importantes publicaciones francesas el trabajo "Franco el libertador" del cual ofrecemos a continuación un extracto. 

EL MILITAR 

El general D. Francisco Franco Bahmonde es gallego. Nació el 8 de diciembre de 1892, en El Ferrol. Desde que inició su vida escolar, mostróse como un alumno estudiosos, distinguiéndose por su carácter reflexivo y por la justeza y; prontitud de sus juicios. Quiere dedicarse a la carrera de las armas y, apenas cumplidos sus quince años, ingresa en la Academia Toledo. Después de cursar con gran brillantez sus estudios es promovido a alférez en 1910.

La guerra le trae a Marruecos, donde habían presentarse al joven oficial,  tantas ocasiones de mostrar su extraordinaria bravura y su invencible ascendiente sobre los hombres. Mas no se limita a hacer la guerra. Estudia las costumbres y las necesidades del país y, así, hace su aprendizaje de gobernante. Educa, organiza, funda, coloniza, planta, construye, alienta y estimulas buenas voluntades, los esfuerzos creadores, y por su solicitud y su equidad, se conquista la nación y el afecto de los indígenas. Trabaja con entusiasmo, se apasiona por su carrera, se destaca en todas las empresas que se le confían.

Por méritos de guerra, que es como va a ganar en adelante todos sus empleos, asciende a teniente y, en seguida; a capitán. Durante varios años continúa desempeñando con gesto alegre su rudo papel de soldado colonizador, siendo herido durante su empleo de capitán y condecorado con la, Medalla Militar...Y he aquí al comandante Franco de Regulares, el más joven andante del Ejercito español, a los seis años de carrera.

Por entonces se hallaba también  en Marruecos un soldado glorioso,  ya destacado por sus proezas en Cuba: Millán Astray. Este descubre al comandante Franco y adivina sus talentos excepcionales, y juntos los dos estudian el funcionamiento de la Legión extranjera francesa y elaboran un plan para organizar un cuerpo análogo en el en el Marruecos español. Así nace  "el Tercio" mandado por Millan Astray, a quién después sucederá Franco, que hace del Cuerpo heroico una admirable tropa de choque, cuando "el gloriosos mutilado" se obligado a abandonar el servicio.  

EL GENERAL MAS JOVEN DE EUROPA

El desastre de Annual inunda a la opinión española de desaliento. Pero están en Marruecos los Mola, los Orgaz, los Capaz, los Yagüe, hombres de temple de Franco, que en aquellos momentos se muestra uno de los más intrépidos defensores de Marruecos. ellos harán prodigios de energía y reconquistarán, palmo a palmo, el terreno perdido.

Un hombre va a organizar la obra: el general Primo de Rivera. Con su admirable intuición discierne en Franco, que había ascendido a teniente coronel, un jefe de valor extraordinario. En la campaña de Abd-el-Krim le designa para asegurar el enlace con el Ejército francés, trabajando en estrecho acuerdo con el mariscal Lyautey. En sus delicadas y peligrosas funciones, Franco hace maravillas, mostrando en toda su plenitud su excelso temperamento militar.

Es entonces cuando Lyautey, admirado de él, hace su juicio profético: "Franco y Graziani han de ser en pocos años los dos más relevantes soldados de nuestro tiempo". 

La carrera militar de Franco cobra nuevos bríos cuando toma el mando del Tercio. Ya es célebre. Sus soldados le adoran y se harían matar por él. El Tercio se hace una institución militar admirable en Europa. 

Crea Primo de Rivera la Academia General en Zaragoza, y para ponerla en marcha elige a Franco, que acaba de recibir el grado de general de brigada, en reconocimiento de sus méritos indiscutibles mostrados en innumerables acciones de guerra brillantísimas. Franco entonces frisaba en los 30 años; es el general más joven de Europa. Es él el que va a crear y dirigir la Academia de Zaragoza, desarrollando en ella doctrinas que causan en las altas esferas militares europeos sensación por su novedad y atrevimiento. Y allí forma un vivero de oficiales de ''élite".

SU APARTAMIENTO DE LA POLITICA 

El general Franco vivió siempre alejado del trajín político. Se negó siempre a afiliar su nombre a ningún partido. No se mezcló, ni de cerca ni de lejos, en los acontecimientos que han arrastrado a España a su estado presente; la caída; de la Dictadura, el fin de la Monarquía, el nacimiento de la República y del Frente Popular. Y desde su Comandancia de Baleares asiste en silencio, con el corazón lacerado, a la ruina progresiva de la organización militar que él había contribuido con tanto entusiasmo a forjar.

Los nuevos amos del país tienden a destruirlo todo: no conservan el material de guerra, descuidan la instrucción de las tropas, reducen los efectivos a un estado esquelético, eliminan hipócritamente a los valores más positivos del Ejército.

La obra constructiva iniciada por Franco va a ser arrasada por el odio y la soberbia del Frente Popular. 

LA REVOLUCION 

Llegan las elecciones de febrero. El mérito y la abnegación patriótica no se cotizan. Nada tienen que hacer hombres como Franco, qué no son ejecutores de bajas maniobras. Ahora lo que van a hacer falta son esbirros, como los Riquelme, los Mangada, los Miaja, gente tarada, dispuesta a todas las tareas, entre las cuales la delación es la menor. Y Franco es relevado de sus funciones. 

Rápidamente las cosas se tornan sombrías, empeorando de día en día. Las huelgas se multiplican en todas partes, estallan tumultos, impera la anarquía. Se roba, se saquea, se mata impunemente...

Miradas ansiosas y angustiosas se dirigen hacia Franco como a un salvador. Tiene la confianza del Ejercito, que a una señal suya se pondría en pie. Pero él rechaza la idea de salir de la legalidad, de promover un levantamiento.

Transcurre un período de tiempo en largo paréntesis meditativo...

Tres semanas antes de que surgiera el Movimiento Nacional, dirige Franco desde Canarias una carta memorable al entonces ministro de la Guerra; le señala en ella el peligro que se está corriendo, las amenazas que se acumulan, le requiere a poner fin a las odiosas asechanzas de que el Ejército es objeto y que exacerban el descontento del elemento militar, desde los altos jefes hasta los soldados; hace, en suma, cuanto está de su parte para evitar el choque sangriento que se ve venir como algo tremendo e irreparable. 

Pero no sólo no se le escucha, sino que se recela de sus avisos y de su popularidad. Se le ha alejado de la metrópoli, aislado en la Comandancia general de las Islas Canarias. 

El lunes, 13 de julio, Madrid, al despertar, se entera con estupor del asesinato de Calvo Sotelo, asesinato ordenado, preparado por el jefe del Gobierno, Casares Quiroga, en persona. 

Decididamente no había nada, que esperar. El país era empujado hacia la anarquía, se agitaba en un caos. El deber, la necesidad patriótica se imponían, había que actuar. Ya las mismas autoridades distribuían armas a todos los elementos revolucionarios, a los peores organizadores de tumultos, llegando a libertar a los presidiarios que cumplían condena por delitos comunes. El alzamiento se había fijado para fin de mes. El asesinato en masa de los nacionales era inminente. Por días, se hacía preciso actuar. 

LA SEÑAL DEL ALZAMIENTO 

Entonces Franco se decide a obrar. Es el levantamiento glorioso del 17 de julio. 

El 19 llega en avión a Tetuán. Con él viene la fe y la fuerza de la Nueva España. Todo el Ejército de Marruecos, con insuperable espíritu, transportado de entusiasmo, se pone detrás del Caudillo. ¡Por fin, el jefe ilustre, admirado y querido, iba a mandarle...! 

Hoy el general Franco es el Jefe del Instado español. En tres meses y medio de una campaña prodigiosa ha salvado a España. Franco tiene cuarenta y cuatro años cuando toma en sus manos el Estado español. Pero, como ha dicho su maestro, el general Millán Astray, con una admiración emocionante: "Hay un Franco y, después, hay kilómetros, kilómetros y kilómetros y solamente después estamos nosotros". 

EL HOMBRE QUE HA SALVADO A EUROPA

El general Franco no ha salvado sólo a España, ha salvado también a Europa. Los destinos del continente europeo se deciden en este momento, y no por vez primera, en los campos de batalla de la Península Ibérica. La instalación del comunismo en España era el contagio para las demás naciones continentales, pasando en seguida al través de los Pirineos; era la barbarie asiática que refluía, invadiendo el mundo occidental por dos extremos. 

Lenín lo sabía bien cuando dijo que España sería la segunda nación de Europa conquistada por el bolchevismo, y buen testimonio de esto son los esfuerzos desesperados de Moscú para no perder la partida sovietizando, siquiera a Cataluña. Moscú jugó su última carta, y Franco le ha ganado la partida. 

EL CAUDILLO

Franco no es simplemente un general ilustre, sino también un gran gobernante. No se ha mezclado jamás en el juego de la política; se ha mantenido siempre apartado de las intrigas parlamentarias. Su vida ha sido repartida por entero entre su oficio y su familia. No es aficionado a las manifestaciones de gran espectáculo, ni a los efectos oratorios. Pero si no es un político, es un estadista. Es a un tiempo hombre de estudio y hombre de acción, dotado de una cultura muy amplia, de un profundo conocimiento de la Historia, de un interés apasionado por los problemas sociales y económicos. 

Franco ha reorganizado el Ejército, pero necesita también reformar el listado. Ha derrotado al marxismo, pero su victoria no seria fecunda, si no la administrase para sustraer al pueblo español de todas las malas influencias que habían hecho de él una presa fácil para los políticos menos escrupulosos, dominados por doctrinas disolventes. Sólo cuando haya conseguido eso habrá ganado por entero la batalla.

El programa social del general Franco no será para muchos el menor motivo de sorpresa y admiración. Y aplicará a su ejecución el mismo espíritu reflexivo y preciso, el mismo método riguroso que emplea en la dirección de la guerra, procederá con esa mezcla genial de audacia y de circunspección que le caracteriza. 

"Nosotros -ha dicho- no hemos venido para defender privilegios, de cualquier especie que sean, en el nuevo Estado. Todos los españoles deberán trabajar, según sus facultades. No habrá plaza para los ciudadanos parásitos. El trabajo será protegido y garantizado contra los abusos del capitalismo; el patrimonio preservado: una justa remuneración será asegurada a los productores". 

"Se hará llamamientos a todas las energías, a todas las capacidades. Serán respetadas las tradiciones, pero las libertades locales no habrán de debilitar la unidad nacional, y serán ejercidas bajo los más severos principios de autoridad".

"La voluntad nacional deberá expresarse y se expresará, pero solamente a través de los organismos técnicos y corporativos que traducen realmente los deseos y las necesidades del pueblo, sin dejar de tener en cuenta las necesidades nacionales". 

Quien conozca al general Franco no dudará de que las promesas serán cumplidas. 

España puede unirse compacta y orgullosa en torno del Caudillo. El reanudará su gloriosa Historia.

 Pensamiento alavés Año VI Número 1224 - 1937 Enero 04

lunes, 13 de julio de 2015

Ha muerto Unamuno

Ha muerto don Miguel de Unamuno. Su alma, atormentada por todas las dudas, voló al eterno descanso o al nuevo e inacabable dolor. Unamuno se ha ido de pronto, como no queriendo hacer ruido al cerrarse tras sí la puerta de la vida. Todavía hacía horas nada más que se le veía pasear en Salamanca por la Plaza de la Universidad. Allí queda la piedra labrada para recordar a Fray Luis de León, alrededor de la cual, con sus pasitos menudos y el chaleco de lana hasta el cuello, don Miguel dialogaba sobre temas altos y grandes, espaciosos y profundos, con un Padre Capuchino con quien desahogaba su preocupación religiosa. Preocupación que no era de ahora. Unamuno la sintió siempre. Cuanto más estudiaba, cuanto más sabía, mejor cuenta se daba de que ignoraba lo fundamental. Y vivía en lucha permanente entre su soberbia de sabio y su insignificancia de hombre ante Dios. Un día escribe sus famosos poemas al Cristo de Velázquez, y es como una espita abierta a su misticismo. Pero deambula siempre como entre sombras por el campo de la duda y por la ruta del error. 

Es, por encima de sus atrabilismos, un hombre fundamentalmente bueno; y es también un espíritu selecto. Pero hay en él un espíritu de rebeldía. El pensador, el filósofo, el escritor, buscaba ahora, tras el monte de sus equivocaciones, la Verdad contra la que no es posible ni lícito rebelarse. Cada vez le era menos difícil encontrarla, porque la sentía. En su doble aspecto esencial: Dios y Patria. 

El amor a España era en él entrañable, profundo; y, sin embargo, la hizo daño. Le dolía España; y, no obstante, hubo ocasiones en que él mismo avivó sus dolores. Ante Cristo Crucificado por amor a los hombres, Unamuno reaccionaba con emoción religiosa; y, a pesar de ello, actuó alguna vez contra la propia Religión de Cristo. Nunca por maldad. Siempre por error.  Su inquietud imaginaba agobios en la disciplina. Y era como el hijo que quiere a sus padres, pero no se sujeta a la obediencia filial. Como si la obediencia fuese una claudicación, cuando la claudicación consiste en creerse capaz de ir por los abrojos mejor que por los caminos. 

Por entre abrojos, por entre zarzas, Unamuno se vio un día convertido en lacayo de la revolución. Había luchado contra la Dictadura; y volvía alegre a España, satisfecho de verla derrumbada. En Irún, al repatriarse, hablaron él y Prieto. Y allí ya, antes de instaurarse la república que él ayudaba a traer, sintió el primer dolor de ser republicano. Unamuno decía cosas de idealista. El público quería otra cosa. Los aplausos frenéticos fueron para Prieto; Prieto hablaba del latrocinio de la Telefónica; refería obscenidades atribuyéndolas a la Corte. Era lo que gustaba. Era el cimiento del régimen republicano. Unamuno, con sus idealismos, nada tenía que hacer allí. Y se le fue arrumbando, como un trasto viejo... 

Luego, ya España por la pendiente de la revolución, Unamuno fue viendo la verdad a medias. Se daba cuenta de que aquello tenía un final de catástrofe. Pensando en el remedio, luchando entre la realidad del fracaso liberal y su liberalismo, vio surgir la guerra civil. La juventud de España se había sentido rebelde.

- ¡Esta es - se dijo - la santa rebeldía! 

Y se sintió también rebelde -por una vez, en serio- contra la vergüenza de una política criminal, que había engendrado aquella guerra. Y dio su grito al mundo en defensa de la Civilización.

Luego, se ha ido, silenciosamente, como no queriendo hacer ruido al cerrarse tras sí la puerta de la vida... 

Dios quiera que se hayan abierto para su alma atormentada las puertas del Cielo.

Pensamiento alavés Año VI Número 1223 - 1937 Enero 02